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El deseo en la clínica de la urgencia


Por Agustina Quiroga (*)

        En estas líneas, pretendo realizar una aproximación acerca de la tarea y del lugar del analista en la atención de urgencias en salud mental.

        Es necesario, al abordar la clínica de la urgencia, pensar la problemática de la relación entre tiempo y eficacia; así como la intervención del analista, ya que aún en momentos de crisis puede llamar a la producción de un significante por parte del sujeto.

        La estructura del grafo del deseo articula las nociones de necesidad, demanda y deseo, donde plantea Lacan que “…el deseo se esboza en el margen donde la demanda se desgarra de la necesidad” (Lacan 2009, 774).

        La demanda surge como desviación del registro de la necesidad bruta. La necesidad al entrar en el desfiladero de los significantes va perdiendo su especificidad con respecto al objeto. La demanda no es demanda de objeto sino de una respuesta. Toda demanda, finalmente, es demanda de amor. Es en un tercer tiempo lógico que aparece el deseo en el más allá de la demanda. La relación con el objeto vuelve a tomar un lugar relevante. Pero, al igual que la demanda, el deseo está articulado al Otro. Al igual que en la necesidad, el deseo está condicionado a un objeto. Pero, a diferencia de la necesidad primigenia, el objeto que designa el deseo tiene carácter absoluto. La condición absoluta en el deseo hace que no pueda ser satisfecho. El interés del sujeto no es por el objeto en sí mismo, sino por la situación misma de ser un sujeto deseante.

        En “Las fórmulas del deseo” dice Lacan: “La relación del hombre con el deseo no es una relación pura y simple de deseo. […] Si la relación con el objeto estuviera ya instituida, no habría problema para el análisis. […]” (Lacan 2016, 320). El hombre goza de desear, de ahí la necesidad de mantener el deseo insatisfecho.

        En la urgencia subjetiva, el equilibrio pulsional del sujeto se quiebra, por lo que es preciso realizar una acción que devuelva al sujeto su estabilidad. Podemos establecer que, la urgencia no sólo compromete a aquel que consulta, sino que, para responder a ella hace falta una acción que sea específica.

        Esta urgencia, esta ruptura de la cadena significante da lugar a un abanico de presentaciones. Se tratará siempre de momentos en los que la palabra no tiene lugar o lo tiene poco, donde no hay tiempo para entender ni para detener un sufrimiento insoportable.

        El analista en las crisis subjetivas, adquiere una modalidad particular. La intervención del analista como tal, se halla suspendida. Si en la urgencia, la situación de crisis se presenta como una caída de la función subjetiva, en tanto el sujeto se halla identificado al objeto como resto de la estructura, sin el sostén simbólico que, le brindaban un lugar en el Otro, la respuesta del analista se ubica, en estos casos, desde la función del amo. Aquí, no hay sujeto a quien pedir asociaciones, no hay sujeto sobre el cual intervenir, se trata por el contrario de que, la intervención contenga, enmarque, aloje el desamparo, para que un sujeto pueda advenir.

        Es necesario, en la tarea, marcar una diferencia con relación al discurso médico, y abrir otra forma posible de considerar el tiempo, ya que, en la admisión, se encuentra atravesado por los procedimientos médicos que instan a una intervención rápida y eficaz. La función del analista, y en este punto es donde se produce la gran diferencia del acto médico, no concluye en resolver la emergencia temporal. El analista intenta restituir la función subjetiva con el objetivo de que, en un segundo tiempo, ese sujeto se pueda poner a trabajar sobre la situación de urgencia.

        La urgencia psíquica se produce cuando un sujeto ha llegado al límite y requiere resolver algo en el aquí y ahora. A la demanda de una solución, el analista responde alojando, dando lugar a la subjetividad. Así se podrá dar espacio a la transición de la urgencia generalizada a la urgencia subjetiva, y esto no se produce sin un analista. Al momento de la crisis, la urgencia no es subjetiva, sino generalizada. Para que se la designe como urgencia subjetiva, hace falta, como propone Inés Sotelo (2009), localizar al sujeto de la urgencia y apostar a la palabra. Porque en la clínica de la urgencia, siempre tiene que 3 ver con el exceso: quiebre de los lazos con los otros, con el trabajo, irrupción de lo real, fuera del sentido que conduce al sujeto a encontrarse sin articulación significante. La urgencia es el tiempo uno, donde el analista con su intervención, provoca el tiempo dos: la apertura de un tiempo subjetivo, en tanto que ese sujeto habla.


(*) Licenciada en Psicología

        Imagen: tomada de
        https://ellaberintodelminotauro.com.co/wp-content/uploads/2016/03/foto-portada-3-800x480.jpg

Bibliografía.

- Lacan, J. (2009). Escritos 2. México: Siglo XXI.
- Lacan, J. (2016). Seminario 5 “Las Formaciones del Inconsciente”. Buenos Aires: Paidós.
- Sotelo, I. (2006). La guardia, la admisión, la primera consulta: una coyuntura de emergencia. Buenos Aires: Grama ediciones. En Belaga, G. (2006). La urgencia generalizada, la practica en el hospital. Buenos Aires: Grama Ediciones.
- Sotelo, I. (2007). Clínica de la urgencia. Buenos Aires: JCE Ediciones.

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