Hitchcock y el arte del suspenso



Por Iván Zonta.

Hace no mucho tiempo publicamos un artículo en el que nos preguntábamos acerca del género del terror en el séptimo arte y de su relación con el contexto histórico que la sociedad estaba atravesando en la época en que la obra fue publicada. Ahora tocará ocuparnos de otro ingrediente que no es análogo al terror, pero que se relaciona en gran medida. Y es que el suspenso, en cuanto expresión artística, suele estar íntimamente relacionado con el miedo en la cultura general. Esto, por supuesto, no es un buen indicio a destacar, sino todo lo contrario, precisamente porque a lo largo de los años y, en parte por motivo de la comercialización del cine, el concepto de “suspenso” se ha ido difuminando de manera gradual, quedando fuertemente encadenado a aquellos recursos cinematográficos que, por decirlo de algún modo, “enganchan” al espectador para que siga viendo la película, independientemente del nivel artístico que ésta tenga.

Pero suspenso y terror no son una misma cosa, aun cuando puedan estar muy relacionadas entre sí. Es difícil hoy en día encontrar una película de terror que no recurra al suspenso para alcanzar su acometido, pero las hay. En Midsommar, una gran obra de terror del año 2019, Ari Aster logra consumar un escenario de perfecto estremecimiento sin acudir a la ayuda del suspenso en casi ninguna escena. Por el contrario, la clásica película de Brian De Palma “Los intocables” (1987), nos obsequia una de las escenas de suspenso más gloriosas de la historia del cine sin que ello se tratase de algo terrorífico: me refiero a la famosa secuencia de la estación de metro donde los protagonistas se enfrentan a un tiroteo con la mafia al mismo tiempo que tienen que rescatar a un niño que cae en su cochecito por las escaleras. Una escena impecable de extrema tensión que muy lejos se encuentran del clásico cine de terror.

Pero si nos atrevemos a excavar aún más profundo podemos decir incluso, que suspenso y terror se excluyen entre sí. ¿En qué sentido? Precisamente en el hecho de que una escena no puede abarcar el miedo y el suspenso de manera simultánea. Es cierto que una película puede oscilar entre escenas de miedo y de suspenso, pero si vemos, por ejemplo, a una adolescente caminando por un jardín ominoso con una melodía sombría de fondo y si suponemos, además, que Freddy Krueger (1984) está a punto atacar, lo que estamos sintiendo no es tensión, sino francamente, miedo. Si hay miedo, entonces no hay suspenso.

Pongamos como ejemplo dos películas icónicas de la década de los 70: Alien (1979) y Tiburón (1975). En la primera se nos presenta un monstruo espeluznante desde los primeros minutos de la película, a partir de allí, el extraterrestre se esconde en los ductos de la nave y comienza su matanza desde las oscuridades. A lo largo del film, el espectador se encuentra en una situación de pavura constante porque no sólo desconoce dónde y cuándo puede encontrarse al alienígena, sino además, porque es consciente de aspecto aterrador que este posee. El público vive en carne propia el pánico que sienten los protagonistas de la película al saber que hay un octavo pasajero dispuesto a asesinarlos y no tienen escapatoria de la nave. La película de Alien (1979) recurre a algunas escenas de suspenso, pero en su mayoría, se trata de un gran film de terror.

Por su parte, Tiburón (1975) tiene una trama similar en algún punto, pero con una diferencia que es radical. Y es que la presencia del gran monstruo no se hace notar hasta casi finalizado el film. Uno puede advertir que se trata de un tiburón gigante y peligroso, pero éste nunca es mostrado en cámara como en la otra película. En este film, cada vez que el tiburón se encuentra al acecho, el espectador no absorbe el miedo de los protagonistas (que ni siquiera son conscientes de que van a ser atacados), sino que es capturado por una situación de total estremecimiento ante la posibilidad de que ocurra (o no) un ataque. Solo al final de la película, el monstruo es expuesto en cámara y uno puede ser testigo de una situación de auténtico terror. Tiburón es, en su mayoría, una película de suspenso aun cuando en lo corriente pertenezca al género del terror. Lo que hace maravillosa a esta película no es el miedo, sino la tensión.

Pero entonces ¿De qué hablamos cuando hablamos de suspenso? La respuesta, por supuesto, no es fácil de alcanzar. Pero para poder incursionar en ella, será beneficioso adentrarnos a lo que fueron los primeros peldaños del cine moderno y hacer hincapié en el gran responsable de que el suspenso haya sido en sus buenos tiempos, una magnífica pieza de arte.

El maestro del suspenso:

Alfred Hitchcock es, quizá, el cineasta clásico más recordado, reconocido y renombrado de toda la historia. Centenares de películas han sido inspiradas o dedicadas a él, grandes cineastas han hecho honor a su obra y una cantidad incontable de ficciones han intentado recrear o parodiar algunas de sus grandes películas. Hitchcock fue un cineasta que revolucionó el séptimo arte desde el asiento de director, pero esto no fue únicamente por su oficio. En su vasta carrera, dirigió películas de terror, acción, drama, thriller y hasta comedias. Pero ¿Qué fue precisamente lo que convirtió a este pequeño cineasta británico en un director tan aclamado?

Alfred Hitchcock era, lo que se dice, un verdadero “arquitecto” de la gran pantalla. Siendo aún muy joven y teniendo muy poca experiencia profesional pudo ser capaz de reconocer la importancia de la imagen a la hora de trasmitir una idea. El modo en que ésta era mostrada, el momento exacto, los motivos, los colores o tonalidades e, incluso, los sonidos que la acompañaban, podían trasmitir un mensaje en sí y por sí mismas. Por ello, a lo largo de su carrera, Hitchcock fue dándole cada vez más y más importancia al modo en que la historia era contada al punto tal que, de algún modo, los medios a partir de los cuales se trasmitía el mensaje llegaran a ser tan importante como el mensaje mismo.

Así, sobre este principio fundamental se erige toda la obra Hitchcocktiana: el medio es el mensaje. Y precisamente por esto para Hitchcock resultaba absolutamente esencial tener todo planificado desde el principio. En su libro “El cine según…”, escrito por Truffaut (1974), Hitchcock confiesa que nunca rodaba una película sin tener planificado desde el primer minuto el modo en que lo iba a hacer, los materiales que iba a utilizar o los actores que encarnarían los personajes de sus historias. Para él, era preferible abandonar un proyecto, por más ambicioso que éste sea, antes que arruinar la trama por no encontrar el modo más preciso de contarla. Hitchcock era un obsesivo de su trabajo, en el sentido más sublime que el arte nos permita expresarlo.

Pero ¿Qué tiene que ver todo esto con el suspenso? Pues bien, todo lo anterior mencionado constituye los pilares necesarios para que el suspenso pueda ser ejecutado de manera soberbia. Es decir, para que una escena de suspenso pueda estar bien lograda, los elementos que en ella se presentan deben estar evidenciados desde el principio, de manera clara y precisa. El espectador debe conocerlos, familiarizarse con ellos, ser testigo oculto de las circunstancias, para poder advertir desde el principio cuál será el desenlace.

Pero hay aun algo más: para que una escena de suspenso sea lograda, el espectador debe ser presa de sus propias emociones y, además, el director debe ser capaz de jugar con esas emociones dilatando la situación al máximo posible, tensionando la escena hasta que parezca que un mínimo soplido de viento pudiera derribarla. La emoción es el ingrediente principal, la fórmula secreta del suspenso. Pongamos un ejemplo arrebatado al propio Hitchcock:

    1. Supongamos que estamos observando a dos personas sentadas en una mesa teniendo una conversación. Una conversación corriente, sin sobresaltos ni temáticas extraordinarias. De repente, y sin que nosotros pudiéramos sospecharlo, una bomba alojada debajo de la mesa explota. ¿Eso es suspenso? Por supuesto que no. Ni esas personas, ni nosotros hubiésemos podido anticipar que algo así podría suceder.

    2. Ahora bien, supongamos ahora que nosotros como espectadores pudimos ser testigos de cómo un sujeto colocó la bomba debajo de la mesa unos minutos antes de que estas dos personas se sentaran. Y supongamos, además, que nosotros sabemos que la bomba estallará exactamente en quince minutos. Somos testigos de un futuro crimen, pero no podemos advertir a las personas de la existencia de la bomba y, además, vemos impávidos como el reloj avanza aproximándose al horario sin que podamos hacer nada para evitarlo. Inquietante, ¿No?


Pues bien, en la primera escena nos encontramos ante una situación de sorpresa, frecuentemente utilizado en los “screamers” de las películas de terror. El segundo es un claro ejemplo del arte del suspenso, el espectador queda atrapado dentro de la historia, convirtiéndose en testigo ocular de aquello que los personajes desconocen. Lo interesante aquí es que el acento no está puesto en la historia (una bomba que estalla), sino que recae en el modo en que ésta es contada.

El suspenso es un arte extraordinario en su simpleza, y Hitchcock era muy consciente de ello. No era necesario el uso de un lenguaje sofisticado ni secuencias demasiado elaboradas para crear una gran situación de suspenso. El arte consiste en la dilatación deliberada de escenas que, o bien no dicen nada, o bien, anticipan un desenlace esperado con ansiedad. El espectador debe poder reconocer lo que está sucediendo, empatizar con el personaje y sentirse afligido por la tensión.

El cine de Hitchcock se encuentra plagado de acontecimientos de estas características. La escena final de “Los Pájaros” (1963), el partido de tenis en “Extraños en un tren” (1951) o la recordada investigación frustrada de la co-protagonista en “La ventana indiscreta” (1954) son solo algunos ejemplos para mencionar. De hecho, “Psicosis” (1960), el film más rememorado de este director, es una gran muestra de cómo trabajar el suspenso, puesto que la película misma es una gran escena de tensión dilatada al máximo. Pero vayamos al que, para mí, representa el ejemplo más claro para advertir de qué manera Hitchcock convierte una simple historia en una obra de arte utilizando únicamente el suspenso como herramienta.

"La soga"

Rope (1948), traducida al español como “La soga”, es una obra maestra de célebre director británico. Se trata de un film que revolucionó la historia del cine en muchos aspectos. Por un lado, porque fue la primera película producida a la vez que dirigida por Hitchcock y fue la primera película a color de este director. Pero además, porque transcurre en un único escenario (un departamento) y en un lapso horario increíblemente acotado (desde las 19:30 hs hasta las 21 hs).

Pero el ingrediente principal que hace a esta película revolucionaria, es que todo el film está narrado en un único plano secuencia. ¿Qué significa esto? Pues, se llama “plano secuencia” a la toma que dura desde que la cámara empieza a grabar la escena hasta que termina. Por tanto, constituiría un sofisticado recurso técnico y narrativo, extender un plano secuencia, dilatarlo de manera tal que en un único plano se muestren muchas escenas conjuntas que se van sucediendo en el tiempo y que, en general, necesitarían varias tomas distintas para ser mostradas. Realizar un prolongado plano secuencia implica mucho trabajo, tiempo y material para llevarse a cabo. ¿Podrían imaginarse ahora lo que implicaría realizar todo un film utilizando un único plano secuencia? La utilización de este método se popularizó en nuestros días a partir del estreno de Birdman (2014) y 1917 (2019), pero es muy poco frecuente en la historia del cine y extremadamente difícil de concretar. De hecho, existen solo dos películas reconocidas a nivel mundial que hayan sido rodadas en plenitud de esta manera: El arca rusa (2002) y Victoria (2015); las demás utilizan trucos de posproducción o de montaje para que el resultado final figure como si hubiera sido filmado de un solo tirón, aunque esto sea ilusorio.

Pues bien, si hoy en día es difícil de lograr, en la época de Hitchcock, esto resultaba materialmente imposible, puesto que en aquel momento los rollos de filmación duraban solo diez minutos y las cámaras eran monstruosamente grandes. Hitchcock se proponía realizar un trabajo imposible y debía encontrar el modo de ocultar los cortes necesarios para que no pudieran ser evidenciados por el público, pero esto no impidió que el resultado final fuera maravillosamente impactante. Además, por el tamaño y la complejidad de los instrumentos de filmación, Hitchcock tuvo que instalar rieles que permitieran el movimiento de las cámaras y de las paredes para poder desplazarse en el escenario. Este no es un detalle menor, aunque así parezca, puesto que los movimientos de cámara generan una ilusión como si el espectador estuviera penetrando en el escenario como un personaje más. Todo esto se encuentra debidamente detallado por el propio Hitchcock en el libro donde Truffaut lo entrevistó.

Pero volviendo a lo que nos concierne, ¿Qué tiene que ver todo esto con el suspenso? ¿Por qué elegir este film como un ejemplo paradigmático del uso del suspenso? Pues bien, hablemos un poco de la trama y alcancemos una conclusión en conjunto:

La historia de la película se nos presenta como una suerte de hipérbole, todo comienza y termina en un mismo punto. Si ocurre un asesinato, ¿Qué sucede a continuación? Uno podría pensar que el momento siguiente a un crimen, es su resolución; alguien descubre el cadáver y comienzan las investigaciones como en la serie “Criminal Minds” (2005 – 2022) o el asesino esconde el cuerpo y la película gira en rededor de sus complejidades morales, por ejemplo. Pero en este film no ocurre ni lo uno, ni lo otro.

Brandon y Phillip asesinan (sin un motivo claro) a David ahorcándolo con una soga. Esconden su cuerpo en un gran cofre que era utilizado para guardar libros e inmediatamente después comienzan a llegar los invitados a una fiesta.

Esta es, lisa y llanamente, la trama de la película. De ahí en más, todo lo que ocurra a continuación hasta el desenlace, es una gran dilatación de la historia en cuestión.

Los invitados son conocidos de David, el padre, su tía, su novia y un amigo (ex pareja de su novia). La supuesta idea de Brandon era la de esperar hasta que oscureciera y terminara la fiesta para enterrar el cadáver de David, alegando que, si ellos estuvieron en la fiesta con sus conocidos, entonces nadie podría culparlos del asesinato. Uno podría decir: el crimen perfecto.

La historia es, en sí misma, siniestra: las personas asisten a una fiesta, toman, se ríen, charlan y hasta se preocupan por la ausencia de David, sin siquiera sospechar que el cuerpo del muchacho está escondido en el mismo cajón que ellos están usando como mesa para servirse la comida. El ataúd donde se encuentra el personaje que se presenta como eje de la reunión está ubicado todo el tiempo en primer plano, siendo el centro, no sólo de la reunión, sino de la escena en pantalla, como en el célebre cuento de la carta robada (1844) de Edgar Allan Poe.

Pero hay algo más. A la reunión está invitado un personaje que, de alguna manera, contrasta con el resto. El profesor Rupert (el Dupin de nuestra historia) conoce a David, a Phillip y a Brandon por haber sido sus alumnos, pero no conoce al resto de las personas de la fiesta, eso nos lleva a preguntarnos como espectadores: ¿Por qué fue invitado?

Rápidamente podemos advertir los verdaderos motivos del crimen: Brandon estaba intentando ejecutar, como ya dijimos, el crimen perfecto y salir airoso de la situación. Pero para que un crimen pueda ser catalogado como “perfecto”, es necesario que existan personas que sean testigos del hecho y, a su vez, que sean lo suficientemente sagaz para dar cuenta de la perfección de lo acontecido.

En solo pocos minutos de comenzada la película, Hitchcock ya nos presentó todos los elementos puestos en escena, ahora nos concierne hablar de las emociones.

Brandon es un auténtico psicópata. Disfruta de lo retorcido de su plan, provoca a Phillips para que se sienta incomodo, introduce discusiones polémicas referentes a la moralidad o a la criminología filosófica, para gozar con todo lo acontecido y exhibir su grandeza. Pero Phillips teme ser descubierto, la culpa lo atormenta y se le aparece como un demonio que lo hostiga a lo largo de todo el film.

Y aquí entra en juego un elemento fundamental, pero aparentemente inofensivo. ¿Recuerdan la soga con la que fue asesinado el pobre David? Ésta será presentada a lo largo de toda la trama como un cabo suelto que representa y remite al atroz acontecimiento. La soga aparece y desaparece en reiteradas ocasiones generando en Phillips (y en los espectadores) una reminiscencia tan espeluznante que lo hace entrar en pánico por el riesgo de ser descubierto. La soga se nos presenta como el eje simbólico de toda esta historia. Representa lo sucedido en tiempo presente, recupera la imagen del difunto y aúna los cabos sueltos de un plan casi perfecto. Pero todo esto lo hace sin ser el centro de la escena en ningún momento.

Hasta aquí entra todo lo que puede decirse de la película. En cierta medida se ha contado todo, pero al mismo tiempo, no se ha contado nada. ¿Por qué? Precisamente porque lo espectacular no está en la trama, sino en el modo en que fue contada.

Cada segundo, cada detalle, cada nuevo tema de conversación, cada vez que alguien se acerca al cajón. Cada cosa que pasa es motivo de estremecimiento. Más temprano que tarde, el espectador comprende que la historia solo fue una excusa, que el único objetivo de todo esto es saber si al final, los asesinos serán descubiertos o no. Y es precisamente en este punto donde se encuentra lo atractivo, es en este punto que se desarrolla el arte.

Hasta aquí habrá de llegar la historia, y hasta aquí habrá de llegar nuestro artículo. Casi como si no hubiésemos dicho nada, intentamos pensar en conjunto una pieza sublime del séptimo arte como ha de serlo el suspenso. Una pieza que ha estado ahí desde el inicio del cine, que nos ha ido acompañando en mayor o menor medida en el disfrute a la hora de sentarnos a ver una obra, pero que pocas veces nos hemos dispuesto de contemplar. Y es que la estética en el mundo del cine es así: acompaña y embellece una obra aun cuando no podamos entenderla.

Dios quisiera que en la actualidad existan más películas como La soga, que destaquen en su excelencia y en su creatividad. Si bien es cierto que de tanto en tanto aparecen grandes películas de suspenso dentro de las denominadas “cine de autor” que incursionan en el género, lo cierto es que son pocos los directores que al día de hoy se presenten como grandes amantes del género como lo fue en algún momento el aclamado Alfred Hitchcock.

Pero la realidad es que su muerte no nos ha dejado vacíos, sino todo lo contrario. Este gran autor ha servido como maestro y pionero para que muchos otros profetas, dentro de los cuales se encuentran nada menos que Coppola, Di Palma, Scorsese o el gran Stanley Kubrick, que de alguna manera han superado al maestro, pero que jamás hubiesen podido ser lo que fueron sin su enseñanza. Mientras tanto, los amantes del suspenso permanecemos en la esperanza de seguir apreciando nuevas piezas del arte del suspenso para deslumbrarnos una y otra vez con todo lo que el cine contemporáneo tiene para ofrecer.

El cuerpo en la intervención (o la intervención en el cuerpo)


“El cuerpo es poesÍa, el resto es verso” (Gabo Ferro)

Por Nazarena Alegre

        No hay nada sistematizado acerca del cuerpo en (o para) el psicoanálisis. Esto es llamativo, y me lleva a realizar la siguiente comparación con la Poesía: si la poesía es capturada, deja de ser poesía, para pasar a ser cualquier otra cosa. Quizás, pueda decirse algo similar en torno al
cuerpo:

        Si algo del cuerpo es capturado, deja de ser cuerpo, para pasar a ser fragmento. Y justo ahí, entre el cuerpo y la Poesía habitan los siguientes fragmentos de intervenciónViñetas, que bien me gusta llamar “cuentos clínicos” para ser honesta con quien lea, y con la
práctica, que mucho tiene de ficción.

“El psicoanálisis es algo vivo, por eso toca el cuerpo”
dice mi analista

“El cuerpo nos acompaña siempre, nada es sin el cuerpo''
dice la osteópata

“La piel es un órgano vivo, por eso las emociones también lo afectan”
dice la cosmiatra

¿Qué de los cuerpos se toca en la intervención (en salud)?
¿Qué del cuerpo toca la escritura?

        “El cuerpo en la intervención” es un cuento clínico conformado por tres viñetas que se enlazan buscándose entre sí. Algunos de los acompañamientos encontraron un punto de cierre, otros continúan; y algunos se mantienen desde lugares diferentes. Tres lecturas sobre el cuerpo en la infancia: el Alimento, el Juego y el Alojamiento.

"No miren arriba": De la sátira astronómica a la realidad climática

        De la mano de Leonardo Di Caprio, Meryl Streep y otros tantos reconocidos actores nos llega esta gran película que satiriza la dificultad existente en la sociedad moderna para tomar emergencias globales con la seriedad que amerita y la siempre presente renegación de la evidencia científica.

        Con una brillante analogía acerca de la Crisis Climática, se presenta a un grupo de científicos intentando alertar sobre la inminente destrucción de la humanidad causada por la llegada de un meteorito a la tierra. Resultando éstos ignorados y desprestigiados por una sociedad anestesiada por sucesos banales de actualidad, a la cual la negación los lleva a burlarse de quienes intentan alertar acerca del acontecimiento y a sostener divisiones políticas, promulgando el mensaje de “No miren para arriba”.




Por Germán Savloff

        En nuestra realidad, los impactos del Cambio Climático, que a diferencia de la llegada de un meteorito, ya están siendo evidenciados y se están volviendo irreversibles, nos plantea escenarios devastadores en una ventana de tiempo menor de 10 años.

        Estos impactos son multidimensionales y afectan de manera holística a ecosistemas que ya están desapareciendo, como los arrecifes de coral. Los incendios forestales, cada vez más frecuentes (como los que evidenciamos en estos momentos a lo largo de nuestro país), están aniquilando toda la selva del Amazonas y del resto de Latinoamérica.
Elevación del nivel del mar, daños en la agricultura y el calor en aumento, que plantea zonas en donde no será posible habitar para los humanos, son otros de los tantos impactos que ya estamos sufriendo.

        Se prevé que en un futuro cercano existirán los llamados migrantes del clima: personas que habitan zonas cercanas al centro del ecuador migrando a los polos, lo que provocará reacciones políticas adversas e incluso enfrentamientos bélicos.



        En la película se remarca la paridad entre la científica Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence) cuya frustración ante la respuesta de quienes permanecían en el desasosiego, terminó siendo el foco de una humillación mediática producto de su reacción. Y por el otro lado el científico, Randall Mindy (Leonardo DiCaprio), quien corrompido por la vanidad, olvida su misión principal, dando un claro ejemplo del poder que ofrecen los medios a quienes son serviciales a sus intereses.

        Así, la imposibilidad de advertir la catástrofe tiene responsables muy claros y quedan evidenciados en el film. Los grupos de poder y medios de comunicación, representados por la presidente Janie Orlean (Maryl Streep), quien al principio lo considera un suceso inoportuno por encontrarse ella en medio de un escándalo político, para luego virar de postura constantemente según la conveniencia del momento. Los periodistas y famosos juegan un papel fundamental en conservar a la sociedad ajena a la realidad y “mantener las malas noticias suaves” como cita la periodista Brie Evantee (Cate Blanchett) en la película. También está la figura del magnate tecnológico Peter Isherwell (Mark Rylance), cuyo ego y ambición lo lleva a ignorar la lógica y conducir al planeta al peor final. Y por supuesto, no podían faltar en esta sátira nuestros queridos memes, como un elemento que consigue distraernos incluso de las peores situaciones.



        Estos grupos de poder que solamente persiguen el beneficio inmediato y satisfacer sus propios intereses, nos mantienen aislados de la realidad y persiguiendo falsas soluciones. También está la promesa de los puestos de trabajo que proveería el cometa: una estrategia común y falaz utilizada por industrias para justificar un mayor daño al planeta. Ahora se nos plantea la posibilidad de tecnologías de captura de carbono que actualmente no existen, con gigantescos financiamientos en ese sentido, con el fin de seguir sosteniendo las mismas prácticas que nos llevaron a esta situación: el llamado Business as Usual.

        En Argentina, las políticas extractivistas nos llevan a un deterioro cada vez más grande y pareciera que la única alternativa que se nos plantea son más políticas de este estilo. Recientemente el gobierno autorizó la explotación petrolera en Mar del Plata dando muestras de a qué intereses responde. Esto nos exige, como sociedad, unirnos, informarnos y actuar para mitigar futuros impactos, exigiendo políticas que se alineen con la urgencia de la situación, la cual la evidencia científica, de forma muy clara, nos avala al respecto.



        Para finalizar, quería hacer mención a dos brillantes escenas en particular (de entre las tantas que nos deja esta película), dejando de lado las del genial Jonah Hill, Jefe de Estado e hijo de la presidente (quien representa al tonto que se jacta de tener dinero y lo idolatran por eso); o las del héroe de guerra racista Benedict "Ben" Drask (Ron Perlman), cuyo accionar se justifica por “ser de otra época”.

        La primera tiene que ver con la cruda realidad de racismo que vivencian las comunidades afroamericanas en Estados Unidos, cuando el científico de la NASA, Clayton "Teddy" Oglethorpe (Rob Morgan), que al ser arrestado le manifiesta a la policía que la diferencia en la pigmentación de su piel es debida únicamente a diferentes migraciones por parte de sus ancestros. Otra escena a mencionar es la del empresario tecnológico, quien ofendido ante la sugerencia del Dr. Randall Mindy de accionar como un “hombre de negocios”, lo descalifica diciendo que su tecnología le brinda la información necesaria para saber exactamente qué y quién es en realidad, y hasta predecir a la perfección (incluso) su muerte, anunciándole que solo recuerda un detalle: morirá solo. Finalmente esto no sucede, con lo cual la película nos deja un mensaje acerca de lo posible en el humano, con la potestad suficiente de tomar las riendas de su destino más allá de las circunstancias y los algoritmos.


"Que el hombre sepa que el hombre, puede" - Expedición Atlantis



Cambio Climático y Sustentabilidad: Un recorrido sobre el abordaje de las problemáticas ambientales

En el siguiente artículo se abordará la crisis climática y otras problemáticas ambientales y su perspectiva histórica. Haciendo mención al último informe publicado por el IPCC. También se hará mención a las diferentes visiones de abordaje, para lo cual se definirán los conceptos de Sostenibilidad y Sustentabilidad y se mencionará el aporte realizado desde Latinoamérica en la visión de la protección ambiental a partir de la definición de los mismos.



Por Ing. Germán Savloff Di Campli

“It's the end of the world as we know it, and I feel fine” R.E.M

Introducción

        Nos encontramos en estos momentos atravesando la emergencia más grande a la que se haya enfrentado la humanidad y a la pareciera darse un constante tratamiento de coyuntura, sin entender lo intrínsecamente relacionado que está este sistema vivo y creyendo que, atacando una porción de la agenda, mientras se continúa reproduciendo las mismas acciones, será posible salir de esta situación.

        Es por eso que al hablar de ambiente siempre debe hacerse con una visión holística, teniendo en cuenta factores económicos sociales culturales, identitarios y políticos.

Breve reseña histórica del abordaje de las problemáticas ambientales

        La agenda ambiental se vio históricamente tocada por el contexto de los diferentes países, algunos movidos por cuestiones nucleares, catástrofes o, más por nuestros lares, la pobreza.

        Fue durante las décadas del 60 y 70 cuando, dentro de un periodo marcado por el fenómeno de la guerra fría, con procesos de descolonización y otros acontecimientos que dieron lugar a que la cuestión ambiental empezara a tomar un protagonismo mayor a en la agenda internacional.

        Fue en este marco que aparecieron una serie de obras de gran importancia en la cuestión y que marcaron el rumbo del abordaje de la problemática los siguientes años.

        La primera, “Primavera Silenciosa” por la bióloga Rachel Carson, una de las promotoras de la agencia ambiental de EEUU. En la obra se lleva a cabo una investigación sobre la ausencia de ciertos parámetros que Carson observó en la naturaleza, en particular sobre el canto de los pájaros, lo que le hizo pensar que había cambios en los procesos de anidación lo que derivó en una investigación sobre el impacto de los agroquímicos en diversos sistemas naturales.

        La Tragedia de los Comunes, un paper de Garret Hardin, quien usando la vieja imagen de la economía tradicional, base del institucionalismo y liberalismo, en donde el uso de los pastizales plantea una escenario en donde cierta cantidad de pastores llevan a sus ovejas a un pastizal, que al ser de uso común no existe regla alguna sobre su forma uso y que, en tiempos de abundancia lleva a una gran cantidad de animales usando dichos espacios, dando lugar a una sobreexplotación de los mismos.

        Esto dio lugar a debates que concluyeron en premios Nobel, como el de Ostrom, la única mujer en ganar un Nobel de economía, en donde se plantea que el uso colectivo de recursos naturales, sin ninguna clase de regla o control de los mismos, lleva inevitablemente a una sobreexplotación y agotamiento de los mismos. También que los intereses individuales no necesariamente nos llevan al mejor bien colectivo.

        La tercera obra es el informe "Límites al Crecimiento", elaborado por el Club de Roma, en donde primaba un fuerte mensaje neo Malthusiano.

        La catástrofe ecológica estaba vinculada al aumento de la población, especialmente de los países en desarrollo y la tensión sobre los recursos derivados de este fenómeno.

        En el mismo se ensayan diferentes modelizaciones y escenarios, desarrollados por el MIT, que no coincidían con la visión política de países en desarrollo como el nuestro, en pleno auge de las teorías del desarrollo en América Latina. Esto fue visto como un corte para estos países a las posibilidades de llegar al desarrollo, en contraposición a la de los países desarrollados que “ya llegaron”.

        Es en ese contexto tenemos la primera Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano (Estocolmo 1972), con una fuerte idea antropocéntrica (ya desde el nombre de la misma), centrada en la figura del hombre, biologicista y conservacionista a los intereses de los países del norte y Europa. El informe Límites al Crecimiento se consideró un activo clave, con esta idea de bomba demográfica de los países en desarrollo sin saber gestionar sus recursos.

        Ante esta situación los países en desarrollo se abroquelaron, y fue durante la década del 80, en la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo donde se logra una fuerte alianza entre lo que se conoce como la agenda ambiental y la de desarrollo, por lo que hablar de estas agendas como asuntos separados es un error al tener ambas un inicio común.

        A partir de aquí adquiere consenso internacional el paradigma de la sostenibilidad. Entendiéndose al desarrollo sostenible/sustentable (más adelante se diferencian estos conceptos) como la posibilidad de satisfacer necesidades de generación actual sin comprometer la capacidad de futuras generaciones para satisfacer las propias necesidades.

        Fue durante esta década que empiezan las reuniones sobre un fenómeno que se conocería como cambio climático, llamado así a partir de la creación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

        Dando un salto a las décadas del 90 y 2000, en donde se sucedieron hitos importantes, como la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo o Cumbre de la tierra, Río 1992 (nótese la diferencia ya desde el nombre con la conferencia anterior) donde se generaron muchos resultados y consenso, se llega al Acuerdo de París, en 2015, dentro del marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

        Este acuerdo tiene un objetivo cuatripartito, con componentes de mitigación, adaptación, financiamiento y producción de alimentos salvaguardado y con elementos que se negociaron durante 10 años.

        Se establece una meta de temperatura (componente de mitigación) en donde se plantea que la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera no sobrepase un nivel dañino irreversible. Se busca limitar el aumento de la temperatura de la tierra por debajo de 2°C (a niveles pre industriales) y realizar esfuerzos para que no sobrepase el 1,5°C. Esta diferencia de medio grado, si bien parece pequeña, trae consigo situaciones catastróficas e irreversibles para el ambiente y la sociedad.


        En esta imagen se compara las emisiones globales resultantes de los esfuerzos propuestos por los países en el Acuerdo de París, lo que llevaría a las líneas azules y verdes de 2°C y 1,5°C respectivamente, en comparación con la línea naranja que representa la inacción (o el Business as Usal como suelen decir activistas y divulgadores) que nos llevaría a una temperatura promedio de unos 3°C respecto a la era preindustrial.

Desarrollo Sostenible y Sustentable.

        Los conceptos sostenible y sustentable surgen de la traducción de la palabra en inglés Sustainable, con una única denominación. Esto repercutió en debates ideológicos, especialmente en América Latina, que llevaron a una diferenciación de estos conceptos, con dos saberes y lógicas diferentes.

        En primer lugar, es importante destacar que existe consenso en ambas denominaciones en considerar aspectos económicos, sociales y ambientales. La diferenciación está en la dicotomía entre desarrollo y ambiente. El desarrollo Sostenible planteado aparentaba solucionar todos los problemas al permitirnos consumir cada vez más siempre que se hiciera de manera perdurable en el tiempo, sin cuestionar los modelos de consumo y producción (de nuevo el Business as Usual).

        El ecologismo latinoamericano critica esta idea diciendo que esto no debe considerarse así, que los recursos incluso para la economía clásica tienen límites y que el crecimiento infinito no es posible.

        Esta idea de que cada vez más personas accedan a más cosas (fenómenos de masas) sin cuestionar las bases de lo que se accede, si esto significa o no realmente desarrollo (o felicidad) y sin relacionarlo con el soporte ecológico, conlleva a una sobreexplotación de los recursos, lo que repercute en enormes daños al ambiente.

        Así, el sistema Sustentable requiere cuestionar el modelo estándar, de seguir haciendo lo mismo, encontrando parches en el camino para sanear los daños.

        Uno de los exponentes más fuertes de esta diferencia es el mexicano Enrique Leff, quien escribió: "La ambivalencia del discurso de la sustentabilidad surge de la polisemia del término sustainability, que integra dos significados: uno, traducible como sustentable, que implica la internalización de las condiciones ecológicas de soporte del proceso económico; otro, que aduce a la durabilidad del proceso económico mismo. En este sentido, la sustentabilidad ecológica se constituye en una condición de la sostenibilidad del proceso económico. (Leff, 1998)”

Consecuencias del Cambio Climático

        El novelista Louis L’Amour escribió, “Lo único cosas que nunca cambia es que todo cambia” y el clima no es la excepción. El clima naturalmente cambia y ha cambiado a lo largo de los siglos, la característica actual no es el cambio en sí mismo sino el carácter antrópico del mismo.

        El cambio climático se representa a partir de cambios en la temperatura promedio de la tierra. Esto repercute en cambios en los patrones de precipitación, con incrementos y disminución por regiones, heladas, modificaciones en características de los océanos, como el nivel del mar o cambios en la composición química, derretimiento de los glaciares (lo que a su vez afecta la disponibilidad de agua dulce) y la ocurrencia de eventos extremos como olas de calor, frío, sequías e inundaciones. También alteraciones en los sistemas hidrológicos, pérdida de hielo y afectación en la escorrentía.

        A su vez, los cambios en las condiciones químicas de los océanos producen eutrofización, que causa una constante muerte de material orgánico y con esto falta de oxígeno, necesario para la captura de CO2, lo que provoca un aumento cada vez mayor de la temperatura. Vale la pena mencionar que la cantidad de plástico en el mar, debido principalmente a la pesca industrial, exacerba aún más esta rueda de muerte en el mar, agravando la problemática del calentamiento.

        En este recuento de situaciones queda en evidencia el carácter multivariable y multicausal de esta problemática. Dónde incendios en el Amazonas provocan fuertes inundaciones en algunas zonas y déficit muy extendido de precipitaciones otras, como la zona de la naciente del Paraná, lo que repercute en la bajante que estamos sufriendo en estos momentos.


        Estas situaciones provocan un gran impacto en la población y sus actividades económicas, tanto en áreas urbanas y rurales. En temas biológicos muchas especies han cambiado su rango geográfico, actividades estacionales y patrones migratorios, sin mencionar a la extinción masiva de tantas otras especies que no lograron adaptarse a los cambios de temperatura.

Último informe del IPCC


        El ya mencionado Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) es el órgano de las Naciones Unidas encargado de evaluar los conocimientos científicos relativos al cambio climático. El mismo está formado por miles de científicos, que ofrecen voluntariamente su tiempo para evaluar los miles de artículos que se publican cada año, con el fin de elaborar un resumen exhaustivo de los factores que impulsan el cambio climático, sus impactos y futuros riesgos, y sobre la forma de reducir dichos riesgos mediante la adaptación y la mitigación.

        Hasta la fecha han publicado 6 informes, además de 3 informes especiales, como el de “Calentamiento Global de 1.5°C”, famoso informe en donde se plantean los impactos del aumento de la temperatura a estos niveles.

        Otro informe especial es el de “Cambio Climático y Tierra”, que trabaja sobre los temas asociados a cambio de uso de suelos y donde se demostró sobre todo la alta incidencia de la ganadería en la problemática. Siendo esta una de las principales causas de emisión de gases de efecto invernadero, sumado a ser la principal causa de deforestación y uso de recursos como agua y suelo. Situación que se agrava continuamente debido a un aumento exponencial y artificial de la población de ganado.

        El más reciente informe, brindado por el Grupo de Trabajo 1, que trabaja sobre las bases de las ciencias físicas (hay otros 2 uno sobre Impacto, Adaptación y Vulnerabilidad y otro de Mitigación) revela la severidad y urgencia del cambio climático y plantea una serie de medidas controversiales para su abordaje.

        Es importante destacar, en momentos en que el negacionismo sobre el cambio climático llega a escalas de poder político, que este informe viene tras cruzar 14000 papers, con 234 científicos de 66 nacionalidades durante 8 años, con 50.000 comentarios y revisiones.

        Entre los puntos destacados del informe se menciona que es indiscutible que la actividad humana es responsable del calentamiento global. Los cambios climáticos recientes son generalizados, rápidos y cada vez más intensos.

        No existe región que no haya sido ya afectada y todo el planeta va a ir sufriendo impactos cada vez más fuertes y frecuentes. Nadie está exento de que esto lo afecte. La civilización nunca se enfrentó a una problemática universal que incide en todo el planeta por igual (en los 70 cuando apareció la capa de ozono tenía más impacto la penetración de rayos ultravioleta en algunas partes del mundo que en otras). A su vez, su carácter exponencial hace que en cada minuto de inacción aumente la concentración de gases en la atmósfera.

        También revela que según las trayectorias actuales entre 2030 y 2040 se va a superar el 1.5°C de aumento de temperatura planteado como objetivo, y solo sería posible no alcanzarlo con una reducción drástica y a gran escala de las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que significa un escenario imposible a estas alturas.

        Con respecto al objetivo de 2°C se presentan 5 escenarios y solamente en uno de ellos logramos mantenernos por debajo de un aumento de la temperatura global de menos de 2 hacia fin de siglo.

        Ninguno de estos escenarios contempla poder mantenernos por debajo de los 2°C sin estrategias de captura de carbono, esto significa una novedad en el abordaje de la problemática. Como ejemplo de esto último aparecen nuevas tecnologías de geoingeniería para la captura de co2 o la refracción de luz solar. El agronegocio está trabajando en desarrollar (con muchísimo financiamiento detrás) cultivos transgénicos que tengan colores blancos, de forma tal de refractar la luz solar, esto ayudaría a reemplazar el efecto albedo (del hielo y nieve que se está derritiendo). Así, nuevamente se viene a plantearnos que la solución está en seguir haciendo lo mismo, pero saneando los daños y no en cuestionar las prácticas y modelos que nos llevaron a esta situación.

        Es evidente que las responsabilidades de la crisis vienen dadas en primera medida por actores económicos y políticos de gran escala y no puede delegarse las mismas a la población en general, y mucho menos a los más jóvenes, quienes son los que van a vivenciar los daños cada vez mayores. De igual forma es sumamente importante replantearse el rol que tenemos dentro del ambiente, la naturaleza y el resto de las especies que habitan en ella, concientizarnos acerca del impacto de nuestras acciones y exigir cambios sistémicos e inmediatos (que nazcan en primer lugar de nosotros mismos) en los modelos de producción y consumo.


Bibliografía

Leff, Enrique (1994). Ecología y capital. Racionalidad ambiental, democracia participativa y desarrollo sustentable. Siglo XXI Editores. México.

RAWORTH, Kate et al. (2012). "Un espacio seguro y justo para la Humanidad". Oxfam Internacional - Febrero de 2012

BOFF, Leonardo (2017). “Sustentabilidad. La urgencia ante el grito de la Tierra", CABA: Ed. Santa María, pp. 11-40.

BUENO, María del Pilar (2016). El Acuerdo de París: ¿una nueva idea sobre la arquitectura climática internacional?, Revista Relaciones Internacionales, nro. 33, pp. 75-95.

DIMITROV, Radoslav (2016). The Paris agreement on climate change: Behind closed doors, Global Environmental Politics, vol. 16, nro. 3, pp. 1-11.

IPCC (2013). Cambio Climático. Bases físicas Contribución del Grupo de trabajo I al Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Resumen para responsables de políticas.

https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/sites/4/2020/06/SRCCL_SPM_es.pdf

https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/sites/2/2019/09/IPCC-Special-Report-1.5-SPM_es.pdf

https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/2021/08/IPCC_WGI-AR6-Press-Release-Final_es.pdf

La historia del miedo



Por Iván Zonta

        ¿Alguna vez se preguntaron cómo es posible que una determinada obra literaria o cinematográfica haya generado tanta controversia en las épocas de su lanzamiento? ¿Cómo es posible que los espectadores hayan salido horrorizados del cine luego de ver Nosferatu (1922) o King Kong (1933)? ¿O cómo pueden haberse suicidado tantas personas luego de creerse la inminente invasión extraterrestre relatada por el mítico Orson Welles en radio nacional? Y es que, visto a los ojos del siglo XXI, hay historias que parecen ser completamente ingenuas o, incluso, absurdas si las vemos desde nuestros hogares. Y si bien es completamente cierta la premisa de que “hay que mirarlo con los ojos de la época”, lo cierto es que esto no alcanza para explicar cómo es posible que la gente haya quedado despavorida, luego de ver que un lagarto gigante, por ejemplo, destruya (la maqueta de) la ciudad de Tokio.

        Parece que, para entender este fenómeno, resulta necesario introducir un ingrediente especial a esta fórmula. Un ingrediente vital para entender todo acontecimiento, aun cuando se lo tenga poco en vistas: el factor histórico.

        Empecemos de a poco esta travesía. Ubiquémonos en el siglo XIX, habiendo caído definitivamente el sistema feudal, la ciencia moderna comenzó a tener un auge completamente inesperado. La falacia religiosa como explicación metafísica que sostenga y sustente el origen de las cosas estaba empezando a caer lentamente y, sobre ella, se derrumbaba también toda esperanza de encontrarle un sentido a la vida. Ese sostén que el hombre encontraba en la religión fue desplazándose lenta y progresivamente hacia la esperanza de que la ciencia encuentre las respuestas que la creencia ya no podía garantizar. La ciencia se convirtió, si se quiere pensarlo de esta manera, en el nuevo dios de la sociedad moderna y este nuevo rol que le fue asignado estuvo muy lejos de ser beneficioso para la historia de la humanidad. Más temprano que tarde se empezó a experimentar con la vida y la muerte, con la posibilidad de engendrar de manera “no natural”, con los venenos, con la genética, etc. En simples palabras, podría decirse que la ciencia “empezó a jugar a ser dios”.

        No parece casual entonces, que el día que una poetiza de muy poca fama publicara una novela que contara la trágica historia de un joven medico suizo que dio vida a un monstruo gigante y espantoso a partir de la conjugación de cadáveres, el mundo entero quedaría estupefacto.

        La historia de “Frankenstein o el moderno Prometeo” escrita por Mary Shelley en 1823 fue realmente estremecedora porque en ella se erigía y se visibilizaba un miedo que la sociedad había estado guardando en el calabozo durante siglos: la posibilidad verídica de que algún día la ciencia llegue definitivamente a engendrar vida y que de esto se desate un mal incontrolable para todo el mundo. Mary Shelley no sabía ni estaba interesada en escribir terror, pero un día tuvo una pesadilla espantosa en la cual soñó que un hombre daba vida a un ser tan horrible y espeluznante que aterrorizaba incluso a su propio creador. Decidió escribir esta novela a modo bitácora, es decir, como si el protagonista de la historia (el propio Frankenstein) le contara su vida a un joven marino que lo encontró moribundo y huyendo de su propia creación.

        La historia del joven Prometeo (por cierto, llamada así porque Prometeo fue un titan que ayudó a darle “luz” a los hombres obsequiándoles el fuego robado del Olimpo, según lo cuenta la mitología griega) fue todo un éxito y de ella se inspiraron cientas y cientas de historias que representaban el mismo terror de la sociedad, pero en otros ámbitos. Podrán ubicar ustedes sus propios ejemplos.

        Pero de momento, nosotros no descansaremos aquí, sino que intentaremos ahondar aún más en este propósito de encontrar los motivos del éxito de ciertas historias de terror y por eso será necesario volver a centrarnos en la historia de la cultura general. Y es que para ello tendremos que remitirnos a una figura pública que hoy ya no existe y a un tiempo histórico que nos resulta un tanto oscuro.

        En los viejos tiempos de las monarquías, anteriores a los ya conocidos estados modernos, los reinos estaban divididos políticamente de maneras muy diferente a como se ubican hoy en día. Los reyes gobernaban pequeñas parcelas de tierra, las guerras eran mucho más que recurrentes y, para proteger su reinado, los monarcas debían recurrir a ciertos soldados que organizaran un ejército para luchar en nombre del rey. Cuando estos soldados se retiraban (a muy corta edad) eran correspondidos por la realeza otorgándoles grandes estancias a modo de agradecimiento. De este modo entonces, de la noche a la mañana los soldados pasaban a ser terratenientes y, por ende, hombres muy adinerados.

        Ahora bien ¿A dónde vamos con todo esto? Pues, producto de la guerra y de sus grandes riquezas, una gran cantidad de estos hombres solían volverse locos y extravagantes. Se alejaban de la sociedad promedio y solían recluirse en sus enormes castillos para, muchas veces, morir en ellos sin que nadie se enterase. Comenzaron a surgir entonces muchas teorías y leyendas urbanas relacionadas con estos hombres y poco a poco, la figura del conde fue convirtiéndose, para la sociedad de época, en una figura siniestra y lúgubre de la cual era mejor resguardarse.

        En 1897, el gran escritor irlandés Bram Stoker publica una extraordinaria novela de terror sustentada en la ya reconocidísima leyenda de Drácula, conde de Transilvania (una región de Rumania), según la cual, el joven noble vende su alma al demonio de Nosferatu el mismo día de su condecoración al enterarse del suicidio de su amada a causa de un engaño. Drácula jura vengarse de dios y se entrega por completo al demonio. Luego de vivir más de cuatrocientos años recluido en su castillo de Transilvania, reaparece durante un tiempo en las calles de Londres para comprar una vivienda en la capital del Reino Unido. Allí comienza esta historia.

        Dado que, al contrario de lo que normalmente se piensa, Drácula no es un monstruo que puede convertirse en vampiro, sino que es un demonio que controla a su antojo a los murciélagos, los lobos, las arañas, las ratas e incluso, a las personas poseídas por él, la historia de Bram Stoker fue de verdadera conmoción para la cultura general, puesto que en ella se aunaban toda una serie de inquietudes muy características de la época. No solo por la ya mencionada figura siniestra del conde, sino también, por la manifestación del demonio, el ataque de animales salvajes, la supuesta imposibilidad de detenerlo, el contagio mediante la mordida y la hechicería utilizada para fines malignos. Incluso, si se quiere, podría pensarse que el hecho de que Drácula se alimente de la pureza de las mujeres vírgenes representaba un afronte a la moral victoriana, puesto que, en aquella época, la virginidad era considerada un atributo femenino particularmente destacado.

        En los albores del siglo XX, el cine se encargó en su mayor parte de representar, mediante el séptimo arte las obras clásicas de la literatura. Drácula y Frankenstein no fueron la excepción y podría pensarse que el público conoció un nuevo modo de asustarse ante lo ya conocido. Pero todo cambió a partir de 1945, cuando la humanidad conoció una nueva razón para preocuparse.

        Finalizada la segunda guerra mundial, gran parte de la sociedad se vio fuertemente horrorizada por los peligros de la radiación. La bomba arrojada a Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y la bomba de Nagasaki arrojada tres días después despertaron un gran miedo guardado detrás del ropero, sobre lo que la violencia del ser humano podía desatar sobre el mundo entero y por vez primera se barajó la idea de que el fin del mundo podía ser causado por la propia civilización.

        La respuesta por parte del séptimo arte no se hizo esperar y de esta manera, en 1954, se estrenó un film que representaba en la forma más nítida los posibles desastres que la radiación podría generar. Godzilla (1954), el mítico monstruo que aparece en un film bautizado con su mismo nombre, fue el producto de las atrocidades despertadas por la radiación en el mismo país que había sido víctima de las dos bombas nucleares y se convirtió entonces en un icono que nos recuerda que la naturaleza siempre responde y que el “jugar a ser dios” tan característico de la ciencia, puede devenir en una monstruosidad irrefrenable.

        Pero mientras Japón se aterrorizaba con la amenaza de Godzilla, Hollywood tenía sus propias preocupaciones. Y es que la segunda revolución industrial y el estallido no deliberado del capitalismo trajo grandes consecuencias al país de las oportunidades. Las fábricas estaban por todos lados y siempre en funcionamiento, los peones trabajaban entre doce y catorce horas para conseguir un sueldo mínimo y pésimas condiciones de vida. El primer gran cineasta en denunciar este abuso por parte de los capitalistas fue el gran Charles Chaplin mediante una comedia llamada “Tiempos modernos” (1936) donde un trabajador de clase muy baja se vuelve loco a causa de la alienación y es, por ello, despedido de su trabajo. Chaplin hace una gran denuncia al sistema capitalista, pero por hacerlo de una manera simpática y graciosa, no fue tomada en serio por la gran mayoría de los espectadores. Y es que la situación de vida que estaba sufriendo el pueblo estadounidense era realmente alarmante. Los peones morían literalmente en sus puestos de trabajo a causa del estrés y si protestaban eran despedidos o, incluso, encarcelados por el propio gobierno que no los defendía. Todo esto se vio acrecentado luego de la crisis del ´30, donde los pocos peones que lograron mantener sus puestos de empleo debieron trabajar aún más para no ser remplazados. La sociedad estadounidense realmente vivía alienada y no era poco frecuente ver a las personas salir de las fábricas cansadas, agotadas y caminando pesarosas, como si se tratara de muertos que caminan. Probablemente en esa metáfora pensó George Romero cuando publicó su opera prima “La noche de los muertos vivientes” (1968), una clarísima representación de la alienación del ciudadano estadounidense.

        “La noche de los muertos vivientes” fue la primera gran obra donde no había un único monstruo, sino centenares de ellos. La lógica del film se invertía: el terror se presentaba en masa y los protagonistas eran la excepción. La maldición de los zombies (que, dicho sea de paso, nunca se explica de donde proviene para acrecentar aún más el acertijo) aprehendió a la mayor parte de la sociedad y solo unos pocos fueron redimidos de este mal. Ahora entonces, los protagonistas deberán escapar para no convertirse ellos mismos en muertos vivientes.

        Podría decirse que George Romero desbloqueó sin quererlo, un nuevo miedo en la humanidad: el de los apocalipsis zombies. A partir de “La noche de los muertos vivientes” se estrenaron centenares de obras de características similares. Pero ese subgénero rápidamente se vio remplazado por otro acontecimiento histórico de gran calibre.

        El 1969, luego de la llegada del hombre a la luna, las historias de ciencia ficción invadieron la pantalla de todos los cines del mundo. La batalla por conquistar el espacio exterior estaba en boca de todos y rápidamente el arte hizo lo suyo. Entre los grandes directores de cine que intentaron replicar el gran salto de la humanidad, George Lucas destacó por encima de todos tras estrenar “Star Wars” en 1977, una película que recreaba las grandes batallas épicas de la historia, pero utilizando el espacio exterior como escenario y el futuro como acontecer histórico. Luego del estreno de “Star Wars”, el mundo entero se ilusionó con la magia del universo y las ansias por el advenimiento del futuro se acrecentó. Todo esto, claro está, hasta que tan solo dos años después, Ridley Scott publicara su aterradora perspectiva del viaje intergaláctico.

        “Alien: el octavo pasajero” (1979) presentaba un futuro, en cierta medida, similar al de Star Wars en el sentido en que la humanidad había logrado colonizar gran parte del universo y se encontraba explorando nuevas tierras. Todo esto, claro está, hasta que un extraterrestre se cuela a la nave sin que ellos pudieran advertirlo. Solos, en medio del espacio exterior y sin poder escapar de la nave, el alien comienza a atacarlos uno a uno representando una gran amenaza para toda la humanidad, si es que este llegara a tierra.

        La esperanza que la Nasa, junto con Neil Armstrong habían introducido en la humanidad, ahora se convertía, a partir del estreno del octavo pasajero, en una amenaza sin precedentes.
Pero la conquista del espacio exterior no fue la única esperanza que se vio derrumbada por el cine del terror en las últimas décadas del siglo XX. Y es que en simultaneo con todo lo anteriormente contado, estaba surgiendo un nuevo modo de vivir que se contraponía al estilo de vida capitalista ya mencionado y que representaba para muchos una esperanza enorme de que, quizás, la humanidad pudiera encontrar la paz que tanto se anhelaba. Estoy hablando de nada más y nada menos que del movimiento Hippie, que buscaba la tan ambicionada libertad individual mediante la paz, el amor y el arte. El hipismo fue un movimiento especialmente revolucionario en todo el mundo porque traía esperanza y mucha fe en que los jóvenes pudieran representar un cambio necesario para la humanidad luego de las dos guerras más atroces de la historia. El cine no fue ajeno a todo este movimiento y más temprano que tarde, Hollywood se vio repleto de jóvenes actores y directores que representaban el movimiento Hippie en la gran pantalla.

        Pero, en una clara demostración de que la realidad supera a la ficción, toda esta promesa de paz se vio rápidamente frustrada el 8 de agosto de 1969, cuando un grupo de jóvenes autodenominados hippies, siguiendo las ordenes de su líder Charles Manson, irrumpieron en la vivienda de la famosa actriz Sharon Tate para asesinar a su esposo, el aclamado director de cine Roman Polanski. Producto de un error de cálculos y de las consecuencias del azar, Polanski no se encontraba en su casa el día de los hechos, pero los integrantes de la familia Manson, no contentos con su frustrado plan, decidieron asesinar a Sharon y a sus amigos que esa noche había invitado a comer. El hecho fue realmente atroz por su violencia, por su importancia y, sobre todo, porque ocurrió en la misma tierra de oportunidades donde el cine intentaba dar a relucir las bellezas más dulces de la humanidad. Junto con la muerte de Sharon Tate, el sueño de un mundo mejor para todos había terminado.

        No fue necesario mucho tiempo para que el inhumano asesinato de Tate inspirara a Wes Craven para alertar al mundo entero sobre los peligros de la libertad. Así, en 1972, solo tres años después del suceso de Manson, publicó su célebre “La última casa a la izquierda”, una película de bajo presupuesto, pobre en argumentos y de dudosa calidad, que generó un torbellino de emociones en el público que se acercaba a ver la película con curiosidad. La fama de la película no se hizo esperar, puesto que esta hablaba de dos adolescentes hippies que van a un concierto de rock y, por cruel casualidad del destino, se encuentran con un grupo de psicópatas que las engañan para secuestrarlas, violarlas, torturarlas y asesinarlas. La película de Craven fue famosa y múltiples veces renombrada porque en ella se reflejaba el lado oscuro de la libertad y del ser humano. Craven no hizo más que mostrar en la gran pantalla cosas que suceden en la realidad, pero que hasta el momento nadie quería enterarse. La respuesta de la crítica y del público fue completamente heterogénea, pero de lo que no cabe duda es que “La última casa a la izquierda” popularizó un subgénero dentro del terror que tan sólo seis años después terminaría de erigirse con el lanzamiento de “Halloween” (1978) de John Carpenter. La idea de un grupo de adolescentes libertinos que van a una fiesta, campamento, pueblo, o lo que sea, y que son asediados por un psicópata que los va matando uno a uno, condujo a que algo completamente deseable y anhelado, pueda convertirse en el origen de los miedos de muchos adolescentes de la década de los 80 o 90. Y puso por primera vez al género de terror en boca de todo el mundo.

        Así pues, habiendo concluido un pequeño recorrido histórico de las más famosas historias de terror de la última época, podemos dar por finalizado este simple artículo. Por supuesto que no nos podemos ir del todo contentos, ya que han quedado sin mencionar una cantidad enorme de películas, cuentos y novelas excepcionales que no se ajustan a este intento de relacionar la obra con su contexto histórico. Y es que existen ciertas temáticas que nos perturban a los seres humanos independiente de la época. Vale mencionarlas aquí: Las enfermedades mentales (Psicosis [1960], El gato negro [1843], Fragmentado [2016], etc.), las sectas, demonios y los ritos satánicos (El bebé de Rosemary [1968], La pata de mono [1902], Midsommar [2019], etc.), los fantasmas (Poltergeist [1982], Otra vuelta de Tuerca [1898], La monja [2018], etc.), los lugares abandonados y malditos (El resplandor [1977 y 1980], El conjuro [2013], etc.), los animales asesinos (Tiburón [1975], Los crímenes de la calle morgue [1841], King Kong [1933], etc.), los muñecos u objetos que cobran vida (Chucky [1988], El hombre de la Arena [1817], Annabelle [2014]), entre otros tantos miedos que, por así decirlo, son transversales a la historia de la humanidad porque representan un terror profundo asimilable a la propia condición humana.

        Dicho todo esto entonces, se podría arribar a una conclusión que revele un tinte de esperanza para aquellos escépticos que piensen que el terror en tanto género artístico se encuentra acabado porque ya se agotaron las ideas y no hay nada nuevo sobre lo que escribir. A esas personas podría decírseles que nunca se sabe lo que nos deparará el futuro y quizás, solo quizás, lo venidero pueda ser mucho más espeluznante de lo que cualquier mente creativa pueda imaginar.