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Freud: Una invitación a caminar otros senderos

Se cumplen exactamente 165 años del nacimiento de Sigmund Freud. Recordar su natalicio se presenta como una oportunidad para volver a analizar cómo su obra revolucionó al amplio espectro de las disciplinas humanas: la filosofía, la psicología, las diferentes ciencias médicas, la literatura, la antropología, las artes, entre otras. ¿Cuáles fueron algunos de sus grandes aportes? ¿Cómo su obra interpela a nuestra época aún con su vigencia?


Por Lucas Allassia

        Sobre el extremo este de República Checa se encuentra la localidad de Příbor. Es en este pequeño poblado, un 6 de mayo de 1856 donde nacería Sigmund Freud. Hijo de padres judíos, tendrá a su vez una numerosa familia compuesta por cinco hermanas y dos hermanos. A sus cuatro años, la familia Freud decide trasladarse a Viena debido a las dificultades económicas que padecían. Es en esta última ciudad donde Sigmund llevará a cabo gran parte de su formación académica y de su posterior obra relacionada con el psicoanálisis, sobre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. El final de su vida lo encontrará en Londres, ciudad en la cual fallecería a sus 83 años en 1939.

        Recomendamos la lectura de su "Presentación autobiográfica" (Freud, 1925) para poder comprender desde las palabras del propio autor, el recorrido que Freud realiza acerca de su historia, sus debates con los intelectuales de la época, como también el desarrollo de su praxis en la incesante búsqueda por el establecimiento del psicoanálisis.

        Para el presente escrito nos limitaremos a describir dos puntos que interesan de la obra freudiana para pensar el aporte que el psicoanálisis introdujo como rupturas en los abordajes y teorizaciones en el saber médico de su época y por las cuales sus ideas se consideran revolucionarias. No pretendemos llevar a cabo un análisis completo y exhaustivo de su vida y obra, sino más bien tratar de inferir cómo sus investigaciones terminan llevando a cabo una profunda revolución para el saber de la época y mantiene aún su vigencia.

        En primer lugar, debemos recordar que Sigmund Freud fue médico neurólogo de formación y profesión, siendo posteriormente el fundador del psicoanálisis a partir de sus grandes aportes originales para la época en lo que respecta a su clínica y a los criterios bajo los cuales se sirve para intervenir en el trabajo con sus pacientes.

        Su contexto de producción teórica se ubica en coincidencia con los tiempos del desarrollo de la clínica psiquiátrica, pero en una discontinuidad con puntos nodales de esta disciplina. Es así que debemos situar al surgimiento del psicoanálisis como respuesta a las limitaciones teóricas y epistemológicas con las que el saber médico encuentra sus puntos de vacilamiento.

        El propio Freud llega a afirmar que su idea de haber descubierto el inconsciente era comparable con la revolución copernicana. Si Copérnico es quien saca a la Tierra del centro del universo, Freud considera haber herido al narcisismo de la humanidad al postular una ofensa de naturaleza psicológica: la de destruir la ilusión de que la vida psíquica está centrada en la consciencia. A consecuencia de que existen procesos psíquicos inconscientes, llegará a afirmar entonces que el yo no es dueño y señor en su propia casa.

        Intentaremos inferir y tratar de puntualizar aportes de Freud que consideramos que ha llevado a cabo una revolución en el saber y en la manera de entender el sufrimiento en lo humano.

        En primer lugar, debemos situar que la obra freudiana produce una restitución del estatuto de sujeto portador de un padecimiento singular inmerso en una cultura. El psicoanálisis se aleja de las descripciones objetivantes que la psiquiatría mantuvo a lo largo de la historia, donde se limitaba a proporcionar causas moralistas o explicaciones basadas en fenómenos orgánicos de los síntomas de aquellas personas que caían a una posición de objeto a las que no se prestaba interés en su dimensión subjetiva. El saber en relación a lo que hace padecer a sus pacientes ya no se encontraba del lado del médico, sino que debía tener lugar en la historia particular de los neuróticos a partir de que la causa del síntoma es pensada como producto de formaciones de compromiso.

        Freud en su primer tiempo de trabajo sobre finales del siglo XIX lo encuentra atendiendo a mujeres con diagnóstico de histeria calificadas como “simuladoras” por sus colegas ante la imposibilidad de poder localizar la afección orgánica etiológica. Su labor, a partir de lo que la experiencia de la praxis le enseña, le permitió interpretar que aquellas jóvenes mujeres portan un padecimiento verdadero que escapaba a la lógica del pensamiento médico, donde ese padecimiento respondía a una singularidad de la propia historia en la cual el síntoma venía a expresar aquello que no podía ser puesto en palabras. En esta “nada” orgánica donde el discurso médico pone en falta su saber, es donde el psicoanálisis aloja a un sujeto en su padecimiento singular para que, en el mejor de los casos, pueda poner en palabras aquello que lo aqueja. El saber acerca de la enfermedad, a partir de aquí, ya no estará del lado del médico que observa a un objeto enfermo, sino que será restituida la palabra a este sujeto que trae a consulta los tropiezos de su inconsciente. Freud escucha a sus pacientes, como también lee a partir de lo dicho y lo no dicho por estas mujeres, que estaba en juego una verdad más allá de los pensamientos y las palabras. Escuchar y leer más allá de los estigmas que recaía en ellas fue la laboriosa tarea que a Freud le permitió inferir que existían procesos más allá de la consciencia. Los fenómenos del inconsciente, tendrían su eficacia en el cuerpo, en los pensamientos, en las relaciones de la vida del sujeto consigo mismo y con otros. Sus pacientes histéricas no eran locas simuladoras, sino que pedían la escucha acerca de aquello que las aquejaba.

        A partir de las enseñanzas que le aporta el neurólogo francés Jean-Martin Charcot (1828-1893) durante su visita como alumno en el hospital de La Salpêtrière, Freud analiza en sus estudios y trabajos con sus pacientes una particularidad propia de la anatomía histérica que la diferencia radicalmente con la anatomía orgánica estudiada por la medicina. La anatomía biológica ya no coincide con el cuerpo, en tanto este último es pensado en términos de construcción de una imagen inconsciente:

(…) La lesión de las parálisis histéricas debe ser por completo independiente de la anatomía del sistema nervioso, puesto que la histeria se comporta en sus parálisis y otras manifestaciones como si la anatomía no existiera, o como si no tuviera noticia alguna de ella. (…) La histeria es ignorante de la distribución de nervios. (Freud, 1888, p. 206)

        Sus innovadoras hipótesis no tardarían en encontrar resistencias de parte de sus colegas. Freud relata en su Presentación Autobiográfica las acusaciones que recibe por sus hipótesis:

(…) Tenía la obligación de dar cuenta ante la Sociedad de Medicina de lo que había visto y aprendido junto a Charcot. Solo que encontré mala acogida. (…) Uno de esos médicos, un viejo cirujano, me espetó directamente: <Pero, colega, ¿cómo puede usted decir tales disparates? “Hysteron” (¡sic!) significa “útero”. ¿Cómo podría ser histérico un varón?>.(Freud, 1925, p. 15)

        El esfuerzo de la labor freudiana lleva a considerar la dimensión de sujeto que no se reduce a sus consideraciones biológicas, criticando de manera rotunda a la psiquiatría de su época al reducir a una etiología únicamente orgánica de la locura, es decir, de las diversas manifestaciones que el saber psiquiátrico categorizó en una patología dejando a un lado la hipótesis de una enfermedad mental explicada por lesiones cerebrales.

        Freud fue heredero y contemporáneo de los aportes de la psiquiatría de su época. Por ello consideramos importante resaltar que, a la hora de describir su teoría en materia de psicopatología, la misma se encuentra plagada de terminología que refieren a la diversa gama de enfermedades como “histeria”, “fobias”, “esquizofrenia” “psicosis paranoica”, entre otras, pero con agrupaciones clasificatorias que varían según los diversos criterios que lo orientan a lo largo de su obra.

        El psicoanálisis freudiano es revolucionario ya que implica una nueva conceptualización a la hora de pensar el sufrimiento humano. Los postulados psiquiátricos relacionadas a las hipótesis tradicionales de la enfermedad mental entran en crisis a partir del discurso psicoanalítico que Freud inaugura.

        En segundo lugar, Freud produce una ruptura con la demarcación clásica entre la razón como salud y la enfermedad como déficit patológico. Él da cuenta de cómo los síntomas de los neuróticos portan un sentido particular que guarda un nexo con la vida de las personas, siendo el síntoma un producto psíquico con contenido inconsciente y sexual (Freud, 1916).

        Para Freud, la neurosis es la solución más económica a los conflictos. De esta manera es que cabe esperar que la neurosis se defienda, resistiendo al análisis y a su curación. Situamos aquí un aporte fundamental de su obra que permite ubicar una ruptura con la noción de normalidad y patología a partir de sus estudios de los procesos inconscientes: para él, la formación de compromiso entendida como una transacción entre fuerzas dispares aporta a la persona una solución a un conflicto que no puede resolver en lo consciente, donde el refugio en la enfermedad permite el ahorro de displacer:

El motivo para enfermar [de neurosis] es en todos los casos el propósito de obtener una ganancia. (…) El enfermarse ahorra, ante todo, una operación psíquica. Se presenta como la solución económicamente más cómoda en caso de conflicto psíquico (refugio en la enfermedad), por más que la mayoría de las veces se revele después inequívocamente el carácter inadecuado de esa salida. (Freud, 1905, p. 39)

        Freud a partir de su experiencia en la práctica desde el psicoanálisis con sus pacientes neuróticos, produce una subversión del binomio salud/enfermedad de la medicina clásica occidental. La enfermedad deja de ser entendida como la alteración anormal deficitaria a corregir para restituir el estado ideal de salud. Freud inaugura un campo inédito, desde su Psicopatología de la vida cotidiana, abriendo una dimensión no contemplada por la psiquiatría tradicional: aborda el mecanismo de operaciones fallidas, los sueños, los chistes, las formaciones de síntomas neuróticos, en estas “pequeñeces” de la vida cotidiana en las que Freud va a leer la lógica de los procesos inconscientes (Godoy, 2002).

        Por otra parte, propicia una descripción de la etiología de la psicosis[1] durante finales del siglo XIX. Su innovadora explicación no se detiene en descripciones basadas en la localización de lesiones cerebrales (hipótesis que sostenía el paradigma de la época vigente en psiquiatría), sino que recurre argumentaciones que la describe como resultado de una “defensa enérgica” que el yo realiza frente a una representación inconciliable:

(…) existe una modalidad defensiva mucho más enérgica y exitosa [que en el caso de las neurosis], que consiste en que el yo desestima {verwerfen} la representación insoportable junto con su afecto y se comporta como si la representación nunca hubiera comparecido. Sólo que en el momento en que se ha conseguido esto, la persona se encuentra en una psicosis (…) es lícito decir que el yo se ha defendido de la representación insoportable mediante el refugio en la psicosis (…) El yo se arranca de la representación insoportable, pero esta se entrama de manera inseparable con un fragmento de realidad objetiva, y en tanto el yo lleva a cabo esa operación, se desase también, total o parcialmente, de la realidad objetiva. (Freud, 1894, pp. 59-60)

        El aporte de Freud en su teoría respecto de las Neuropsicosis obliga a dejar de pensar a la psicosis desde una concepción deficitaria, al indicar que se trata de una modalidad que permite al sujeto defenderse con el recurso de “desestimar” a la realidad que lo asedia.

        Encontramos por otra parte, en años más avanzados en su obra, aportes respecto a la conceptualización de la psicosis sumamente disruptiva con la tradición psiquiátrica. Su publicación titulada Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente (1911 [1910]) le permitirá teorizar acerca del caso de Daniel Paul Schreber, donde sitúa que la función del delirio en la “dementia paranoide” se encuentra del lado de una tentativa de reconstrucción de una nueva realidad:

(…) Y el paranoico lo reconstruye, claro que no más espléndido, pero al menos de tal suerte que pueda volver a vivir dentro de él. Lo edifica de nuevo mediante el trabajo de su delirio. Lo que nosotros consideramos la producción patológica, la formación delirante, es, en realidad, el intento de restablecimiento, la reconstrucción. (Freud, 1910, p. 65)

        Freud destaca en su artículo publicado en 1921, “Psicología de las masas y análisis del yo”, que toda psicología individual es al mismo tiempo psicología social. Sus ideas nos permiten entender la propuesta del psicoanálisis al concebir que no puede entenderse al individuo aislado ni reducido a categorías psicopatológicas intrapsíquicas que lo determinan como una entidad enferma, sino que considera que el sujeto se constituye en relación con otros inmerso y perteneciente a una cultura. El malestar tiene para Freud un lugar constitutivo de lo humano a partir del encuentro de este con la cultura, sus normas y avatares que conlleva la vida con otros (Freud, 1930). El sufrimiento entonces es producto de la vida en sociedad con otros, por lo tanto, para el psicoanálisis no se trata de anular el conflicto que supone, sino que el despliegue sintomático por la palabra en el trabajo de análisis permite restituir la dimensión del sujeto de quien dependerá la salud desde su capacidad de invención.

        Para Aliani (2015), la salud entendida desde el psicoanálisis no está atrás como ideal intemporal y la enfermedad como producto de un desvío, sino que es exactamente a la inversa:

El principio es el malestar en tanto la existencia en la cultura nos exige renunciamientos pulsionales, que nunca cesarán. La salud estaría en el horizonte, en la capacidad de los sujetos para sublimar estas exigencias, en la posibilidad de hacer de la demanda pulsional el motor deseante de nuestra capacidad de amar y trabajar. (Aliani, 2015, p. 74)

        La salud, desde la propuesta de Freud, es un estado que va a depender de la invención de cada uno, singular e irrepetible. El sujeto del cual Freud nos habla es aquel que es capaz de actuar y transformar aquella realidad displacentera.

El psicoanálisis se establece entonces como una práctica sostenida desde una ética. No basa su teoría en la restitución de un estado de normalidad basada en la prescripción de una “correcta forma de vivir”. Dicho en otros términos, no prescribe una norma de vida, no considera que haya una sola forma de vivir que se deseable para toda la humanidad, lo que a su vez quiere decir que no se basa en el argumento de la normalidad. El psicoanálisis aporta entonces una teoría de la constitución subjetiva que rompe con la concepción causalista y biologista de la psicopatología, introduciendo así una nueva concepción de la cura. (Stolkiner, 1988).

        Recordar el natalicio de Freud es al mismo tiempo volver a situar el interés fundamental que tiene el psicoanálisis en la civilización. Parafraseando a Alejandro Benedetto, el psicoanálisis es la última y más novedosa producción cultural, después de la religión, el arte, la ciencia y la filosofía a partir de descubrir el poder transformador y curativo de la palabra, con la capacidad de tocar lo real del cuerpo en la práctica analítica sustentado en su rigurosidad técnica y teórica.


Referencias

[1]La psicosis es agrupada como “neuropsicosis” durante el período de su obra que se formaliza en su escrito de 1894 bajo el título de “Las neuropsicosis de defensa (Ensayo de una teoría psicológica de la histeria adquirida, de muchas fobias y representaciones obsesivas, y de ciertas psicosis alucinatorias)”.

Bibliografía

· Aliani, N (2015). "Psicopatología, Psicoanálisis y Orden Médico". Rosario. Ed. Mar por Medio.
· Freud, S. (1888). Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas, En Obras completas. Volumen. I. Buenos Aires: Ed. Amorrortu
· Freud, S. (1894). Las neuropsicosis de defensa (Ensayo de una teoría psicológica de la histeria adquirida, de muchas fobias y representaciones obsesivas, y de ciertas psicosis alucinatorias). En Obras Completas Volumen III, Buenos Aires: Ed. Amorrortu.
· Freud, S. (1905). Fragmento de análisis de un caso de histeria. En Obras completas. Volumen VII. Buenos Aires: Ed. Amorrortu.
· Freud, S. (1911 [1910]). Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente. En Obras completas. Volumen XII. Buenos Aires: Ed Amorrortu.
· Freud, S. (1916). Conferencia nº 23: Los caminos de la formación de síntoma. En Obras completas. Volumen. XVI. Buenos Aires: Ed Amorrortu.
· Freud, S. (1930 [1929])). El Malestar en la cultura. En Obras completas. Volumen XXI. Buenos Aires: Ed Amorrortu.
· Freud, S. (1925). Presentación autobiográfica. En Obras completas, Volumen XX. Buenos Aires: Ed Amorrortu.
· Godoy, C. (2002). La psicopatología: de la psiquiatría al psicoanálisis. En Psicoanálisis y psiquiatría: encuentros y desencuentros. Ed. Berggasse 19. Buenos Aires
· Stolkiner. A. (1988). Prácticas en Salud Mental. Revista de Investigación en Enfermería. Medellín. 6(1): 31-61.

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