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Am I thinking of ending things? La pregunta en la Neurosis Obsesiva



Por Luis Ángel Guadarrama Galván

Introducción

“Pienso en el final. Cuando esta idea aparece no se va. Se fija. Persiste. Prevalece. No puedo impedirlo. Créanme. No desaparece. Está ahí, me guste o no. Cuando como, cuando me acuesto. Cuando duermo. Cuando me despierto. Siempre está ahí. Siempre. Hace tiempo que no pensaba en eso. Es una idea nueva. Pero se siente vieja. ¿Cuándo empezó? ¿Y si no es una idea mía, sino que se plantó ya formada en mi mente? ¿Son originales las ideas no expresadas? Quizá siempre lo supe. Quizá siempre estuvo destinado a terminar así.” 
(Kaufman, 2020).

        Tomando como eje la noción de la pregunta por la muerte en la Neurosis Obsesiva, en esta ocasión me propongo analizar el caso de Jake, protagonista y tal vez único personaje[1] del film dirigido y guionado por Charlie Kaufman I'm Thinking of Ending Things (2020). Si bien, dicha obra está basada en la novela homónima de Iain Reid del 2016, el análisis estará abocado a la interpretación y puesta en escena propuesta por Kaufman, con su sello sumamente singular. Sin embargo, me parece pertinente aclarar una serie de cuestiones antes de abordar la obra desde la elaboración lacaniana de la neurosis obsesiva.

        Charlie Kaufman, reconocido por sus anteriores trabajos como guionista[2] y luego como guionista y director[3], nos ofrece en esta oportunidad, de forma renovada, un tratamiento cinematográfico de una serie de temas que se repiten a lo largo de su obra, tales como la soledad, la existencia, el amor, los recuerdos, los sueños, entre otros. La peculiaridad de su arte radica en la puesta en escena de sí mismo, de su Yo como protagonista. Si bien, no es el objetivo del trabajo, ni su hipótesis central, dar razones por las cuales podemos ubicar al autor en el cuadro de una neurosis obsesiva, me parece crucial tener en cuenta la relación que establece Kaufman con sus personajes en el mismo proceso creativo. Ello tiene como consecuencia la creación de obras cinematográficas que sobrepasan los estándares del cine hollywoodense y nos da de qué hablar desde el campo de la psicopatología psicoanalítica, más allá de una crítica puramente estética.

        A modo de ejemplo, basta con tan sólo echar un vistazo a su película Adaptation (2002) en la que el protagonista, ¡Charlie Kaufman!, es un guionista invisible a los ojos del set que atraviesa una crisis creativa por la adaptación del libro, El ladrón de Orquídeas. Para Charlie, el libro merece una adaptación digna y fiel a la intención original de la autora, es decir, transmitir una apología a la orquídea, dejando de lado cualquier tipo de acción o cambio por parte de los personajes. Sin velo alguno el autor se introduce en la trama de la película para contar algo más que la historia del libro: su propia historia, su proceso de escritura y creación. La originalidad de tal operación no debe distraernos, a lo que apunto es a la estructura de sus personajes, con los que él mismo se identifica y a los que podemos acceder gracias a su puesta en escena. En este caso, nos quedaremos con Jake (¿Kaufman?), protagonista del film.
 
¿Qué estamos viendo en pantalla?

“...el reflejo ingenuo de los problemas existenciales del hombre.” (Lacan, 1938: pág. 126).

        Al comienzo, el film arranca sin rodeos. La idea de “terminar con las cosas” hace alusión, a terminar la relación de Lucy (nombrada así por el momento) con Jake. La culpa invade a Lucy ya que esa misma noche va a conocer a los padres de su novio. El viaje por carretera a la granja de la familia, ida y vuelta, y la cena familiar son los escenarios principales de la historia. Hacia el final todo se resignifica y apreciamos tres escenas que rompen la linealidad, un tanto retorcida, que mantenía el guion. Procuraré hacia el final, aportar una explicación al respecto.

        El resto de la historia la podemos dividir en lo que se nos presenta como una trama principal y una subtrama que hacia el final subvierte a la trama principal articulando ambas en una sola. En este apartado me centraré en la trama principal, el caballo de Troya. De ella resalto tres cuestiones:

       El Otro del discurso: Diálogos en el viaje.
       Recuerdos y fantasía: La cena familiar
       Resignificación: el trabajo de Jake como conserje. 

        La primera, es en relación a como los personajes dan cuenta que son hablados por el Otro. Los diálogos de carácter filosófico exploran con suma complejidad y astucia lo que podríamos englobar en algunos de los problemas existenciales del hombre: la soledad, el envejecimiento, la esperanza. El material del que se valen es el de las producciones artísticas o literarias que se muestran o son mencionadas en las distintas escenas.[4] “Es como si nosotros, sujetos del lenguaje, habláramos e interactuáramos como marionetas, con palabras y gestos dictados por un poder omnipresente y anónimo (...) Cuando hablamos (...) no estamos meramente interactuando con otros; nuestra actividad discursiva está fundada en nuestra aceptación y subordinación a una compleja red de reglas y presuposiciones.” (Žižek, 2016: págs. 18-19). Siguiendo Žižek, afirmo que los diálogos son una imbricación de discursos que para el protagonista fueron de gran influencia y sostén a lo largo de su vida.
La segunda cuestión corresponde a la sucesión de escenas de carácter onírico que transcurren en la casa de Jake. Estas exponen un juego interesante de atemporalidad respecto a sus propios padres; se los ve envejecer y rejuvenecer en distintos momentos y habitaciones cargadas de simbolismos, lo cual nos adentra en la subjetividad del protagonista. De ello podemos extraer que Jake es un sujeto con múltiples intereses, desde  las artes, los musicales hasta la física[5], pero que nunca concretó en acto[6].

        La última cuestión introduce un nuevo escenario: la escuela. Lo que Jake nombraba hasta el momento como el colegio al que asistía en su infancia se resignifica a partir de que él ingresa al edificio, y Lucy, tras él, se encuentra con un viejo conserje. En este punto de inflexión, se plantea la dualidad Jake-conserje y Jack-novio. A partir de varios detalles escenificados y resignificados, descubrimos sin dudas que  ambos personajes son uno pero con un yo desdoblado[7]. Cuando Jack-conserje le pregunta a Lucy cómo es su novio vemos en pantalla que es incapaz de describirlo, ya que es una de las tantas interacciones que no tuvo a lo largo de su vida. Sólo persiste el vago recuerdo de un sujeto que la miraba en un bar y la incomodó, a pesar de que no le habló nunca. Es así como se bifurcan los caminos y nos queda el final.
 
Inhibición, muerte y acto

        Tal como anticipé, en este apartado, tengo la intención de ubicar la subtrama, es decir, la vida real de Jake, el conserje, que como ya mencioné, en realidad forma parte de la misma historia. En definitiva, la atemporalidad que maneja el film, análoga a la lógica del inconciente, confunde al espectador ya que se vale de dicho elemento para el armado de un laberinto o fortaleza típico del obsesivo. A su vez, remarco que el desdoblamiento del yo de Jake (lo que nombré antes como Jake-novio y Jack-conserje) no escapa a la lógica del obsesivo, a su hazaña montada como espectáculo al Otro. A pesar de ser un tanto paradójico, el precio por mantener la consistencia yoica del obsesivo es desdoblarse, es decir, producir en su interior una división que deja al sujeto como un testigo alienado de los propios actos de su yo. Se observa desde el Otro, instalado en ese lugar. (Godoy, 2012: pág. 171).

        La puntualización que me permite determinar la estructura subjetiva de Jake es su pensar obsesivo entorno a la muerte. Uno de los detalles, del cual me sirvo para afirmarlo, es la llamada recurrente que tiene Lucy de un número agendado con su propio nombre, la voz de Jake-conserje dice: “Hay una sola pregunta que resolver. Tengo miedo. Me siento un poco loco. No estoy lúcido. Las suposiciones son ciertas. Siento mi miedo crecer. Es el momento de la respuesta. Solo una pregunta. Una pregunta por responder”. Esto demuestra, de forma incesante, las vueltas que da el protagonista en torno a aquello que no se puede nombrar, a lo que por estructura nos remite a un vacío, a una falta de saber. La pregunta por la muerte es la vía de la neurosis obsesiva para no hacerse la pregunta por su propio deseo.

        Retomo de la clínica de la pregunta lo que Lacan enuncia en el Seminario 3: “En efecto, hay algo radicalmente inasimilable al significante. La existencia singular del sujeto sencillamente. (...) El significante es incapaz de darle la respuesta, por la sencilla razón de que lo pone precisamente más allá de la muerte. El significante lo considera como muerto de antemano, lo inmortaliza por esencia. Como tal, la pregunta sobre la muerte es otro modo de la creación neurótica de la pregunta, su modo obsesivo” (Lacan, 1955-56: pág. 256). Aquí Lacan sitúa a la muerte como aquello del orden de lo contingente, aquello que es lo que es y frente a lo que no podemos acceder vía la palabra. Sólo en la medida en que se acepta el fin irremediable de la muerte (asumir el ser-para-sí de la muerte) se puede acceder a la posibilidad de actuar conforme al deseo. No se aprecia en Jake la dimensión del acto que, por su carácter simbólico y creador, desencadenaría una serie de consecuencias simbólicas y una posible asunción de las mismas en una nueva situación, en la cual no se evade con la pregunta por la muerte, sino se actúa conforme al deseo singular (Godoy, 2012: pág. 164-166). Su pregunta por la muerte es solidaria a la inhibición que lo acompaña en su transitar por la vida.

        Desde mi lectura, el protagonista a pesar de tener múltiples intereses y pasiones, se mantuvo inhibido frente a las posibilidades de la existencia y frente a su deseo, o como Lacan dice, en él Seminario 10: “...nunca le está permitido a su deseo manifestarse en acto.” (Lacan, 1962-1963: 348). Por ejemplo, descubrimos que tiene estudios en física, pero a pesar de ello no hizo más que trabajar de conserje y acompañar a sus padres hasta la vejez. En el film se ve claramente como tuvo que cuidarlos y que su propio aislamiento lo llevó al armado de una fantasía, un tanto delirante, en la que su novia, Lucy, conoce a sus padres. Cabe aclarar que el personaje que se presenta al comienzo y parece ser la protagonista de la historia no es más que una proyección de los ideales que Jake tiene respecto a las mujeres y las relaciones. Esto lo sostiene y lo mantiene inhibido a lo largo de su historia. Incluso planteó la posibilidad de pensar los constantes cambios de nombres y profesiones de Lucy como las distintas versiones que pudo haber elaborado en los distintos días de su vida. Retomando la cuestión respecto al pensar obsesivo, me remito al monólogo de Lucy presentado al comienzo que brinda una frase crucial: “Jake dijo una vez:  «A veces, las ideas se acercan más a la verdad y a la realidad que las acciones. Puedes decir o hacer cualquier cosa, pero no puedes fingir lo que piensas.»”. Pese al tinte filosófico de la frase, es la primera alusión al personaje de Jack, quien el centro discreto del resto de la historia. Sin embargo, el hecho que destaco, es que el posicionamiento subjetivo de Jake nos dice más que una reflexión filosófica, más bien nos muestra la forma en que Jake se defiende frente al deseo del acto, inherente al anudamiento inhibitorio (Godoy, 2016: pág. 180).

        Por último, rescato una escena de la cena familiar.  Los padres de Jake recuerdan que recibió un reconocimiento en el colegio por su Diligencia (diligence) a pesar de que él quería el de la Agudeza o la Perspicacia/Agudeza (acumen). El significante se retoma posteriormente cuando la rejuvenecida madre de Jake le comenta a Lucy en un momento: “Jake puede ser controlador. No puedes dejar que te controle. Creo que es el otro lado de su personalidad. Eso de la diligencia. Necesita controlar todo. Hay muchas cosas que lo ponen nervioso. Cada vez se cierra más al mundo. Es un problema. Y las pocas personas que quedan en su vida deben seguir todo tipo de reglas, lo cual es un problema. Si, quizá sea mi culpa. Toda esta culpa me hace sentir obligada a romperme el lomo para atender todos sus caprichos. Es un círculo vicioso.” La observación que hace la madre de Jake respecto a su carácter, controlador pero diligente o constante es lo importante aquí. Es un significante que deja marca en él y no lo deja conforme. El contraste que planteo en relación a dicha escena es con una escena hacia el final de la película, en el marco de la alucinación final, que es una referencia al final de A Beautiful Mind (2001) de Ron Howard, film que retrata la historia de John Forbes Nash, matemático y esquizofrénico-paranoide. En ambas escenas el discurso lo pronuncia el protagonista, sin embargo, en la versión de Kaufman la diferencia radica al comienzo: “Gracias. Gracias. Acepto. Acepto todo. Acepto su reconocimiento, este premio. Acepto todo lo que eso implica. Que este premio llegue al final de una vida larga y fructífera, en reconocimiento al trabajo que hice hace décadas. Mi búsqueda me ha llevado a través de lo físico, lo metafísico, lo delirante y de regreso...”. Se deja ver, que, a fin de cuentas, su anhelo como obsesivo y ser hablante era ser reconocido por lo que hizo, más allá de no haber actuado conforme a su deseo y vivir sin dejar huella en el mundo.

Fuente de la imagen: Vulture

Diagnóstico diferencial y escritura en la neurosis

        Dado el contenido del film y la adaptación de la obra de Iain Reid a la pantalla grande me parece necesaria la argumentación de porqué el diagnóstico de nuestro sujeto es el de una neurosis obsesiva y no el de una psicosis. Por un lado, si bien en el libro de Reid queda claro que el protagonista es esquizofrénico según los comentarios de ávidos lectores de Reid[8], la adaptación por parte de Kaufman hace de la historia y de sus personajes algo distinto. La forma en se relata esta historia nos remite a sus influencias. En una entrevista realizada por Sanders Kleinfeld en el marco de Talks at Google[9] Kaufman menciona a Philp K. Dick, entre otros, como una de sus influencias literarias. Siguiendo los desarrollos de Schejtman respecto a la función de la escritura en la psicosis de Dick, retomo el dilema que persistía en Dick: “...la completa imposibilidad de discernir entre la realidad y su copia, el mundo de la vigilia y aquel del sueño, lo auténtico y la falsificación.” (Schejtman, F. 2018: pág. 36.). Este aspecto se ve en la escritura de Dick y marcó un estilo literario particular que también se puede apreciar en la obra de Kaufman respecto al contenido, sin dejar de lado su propio sello neurótico, después de todo “¿De qué están hechos, a fin de cuentas, nuestros remiendos, nuestras reparaciones, nuestras suplencias, nuestros modos de arreglarnos en la existencia, sino de la estofa misma que conforma nuestros síntomas?” (Schejtman, F. 2018: pág. 134).

        Finalmente, si me remito a las alucinaciones del final de la obra, no las elevaría al estatuto de fenómenos elementales de las psicosis por dos razones. Primero, el film deja ver que son producto de una hipotermia auto-inducida por el pasaje al acto del protagonista que no puede mantener la inhibición sostenida en su fantasía de tener una pareja con todos los atributos que siempre deseo. Segundo, las alucinaciones no poseen el carácter de síntoma psicótico en tanto que el retorno en lo real es efecto de la forclusión del nombre del padre en lo simbólico. No adquieren la forma y la contundencia de una palabra que se impone o interpele al sujeto. (Leibson, 2012: 112). La causa es más bien orgánica si bien el contenido a nivel cinematográfico permite acceder a simbolismos en relación a la trama del film y a la historia del protagonista.

        A modo de conclusión, luego de haber aclarado el tópico respecto al diagnóstico diferencial en este apartado y de haber desarrollado en los anteriores, tanto aspectos relativos a una interpretación psicoanalítica del film grosso modo y al abordaje desde la elaboración lacaniana de la neurosis obsesiva, un punto que quedará pendiente ampliar es la relación que mantiene el autor con su obra, más específicamente el caso de Charlie Kaufman ya que abre una puerta a pensar de forma más compleja, el cuadro de la neurosis obsesiva.


Referencias
[1] Como se verá posteriormente, la obra nos muestra al comienzo lo que parece una historia lineal sobre como Lucy, la novia de Jake, conoce a sus padres. Sin embargo, hacia el final caemos en la cuenta, tal vez luego de mirarla por segunda vez, que todos los acontecimientos narrativos transcurren en la fantasía Jake y Lucy es la mujer de sus sueños, en la que proyecta sus ideas sobre las mujeres y las relaciones.
[2] Escribió los guiones de Being John Malkovich (1999), Adaptation (2002) y Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004). (Fuente: Wikipedia)
[3] Hizo su debut como director con la película Sinécdoque, Nueva York (2008) y prosiguió dirigiendo con la película de animación stop motion Anomalisa (2015) y la seleccionada para el presente trabajo. (Fuente: Wikipedia)
[4] Se aprecia, por ejemplo, en el cuarto de la infancia de Jake un sinfín de referencias que moldean los diálogos de la película, así como homenajes o referencias a otras obras artísticas.
[5] Cabe destacar que de hecho es un físico, pero, como se verá más adelante, terminó ejerciendo como conserje.
[6] “Este acto simbólico desencadena una serie de consecuencias simbólicas. Esto hace que haya primacía del porvenir
de la creación en el registro simbólico, en tanto es asumido por el hombre.” (Lacan, 1954-1955:434).
 
[8] Debido a que no hay una edición traducida de la obra disponible me valí de comentarios al respecto en: https://www.youtube.com/watch?v=BvIiNmyLeUY&list=WL&index=81&ab_channel=ImpressionBlend
[9] Entrevista disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=fQ8gSZN7viE&ab_channel=TalksatGoogle

Bibliografía 
Anónimo, “I'm Thinking of Ending Things”. Wikipedia. Disponible en: 
https://es.wikipedia.org/wiki/I%27m_Thinking_of_Ending_Things
Godoy, C., “Conciencia y muerte en la neurosis obsesiva”. En Schejtman, F. (comp.), Elaboraciones lacanianas sobre la neurosis. Grama. Buenos Aires: 2012.
Lacan, J., El Seminario. Libro 3: “Las psicosis”, Paidós, Buenos Aires, 1984, cap. VII: par.1, cap. XII: par.3, cap. XIII: par.1 y 2.
Lacan, J., El Seminario. Libro 10: “La angustia”, Paidós, Buenos Aires, 2006, cap. XXII: par. 3 y 4
Leibson, L., “Alucinaciones, estructura y transferencia”. En Schejtman, F. (comp.) y otros, Elaboraciones lacanianas sobre la psicosis. Grama. Buenos Aires: 2012.
Schejtman, F., “Philip Dick con Jacques Lacan. Clínica psicoanalítica como ciencia ficción.” Grama. Buenos Aires: 2018.
Žižek, S., “Cómo leer a Lacan”. Paidós. Buenos Aires: 2016.

Material audiovisual de consulta
I'm Thinking of Ending Things: EXPLAINED | Movie + Book Spoiler Talk. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=BvIiNmyLeUY&list=WL&index=81&ab_channel=ImpressionBlend
I'm Thinking of Ending Things | Charlie Kaufman | Talks at Google. 
Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=fQ8gSZN7viE&ab_channel=TalksatGoogle

Imagen principal recuperada de:
https://media.revistagq.com/photos/5f561f9e2692b780329d4acf/1:1/w_1280%2cc_limit/Im-Thinking-Of-Ending-Things-Charlie-Kaufman.jpg

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