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La violencia y abuso contra lxs niñxs y las mujeres

El número de femicidios y de violencia contra niñas, niños y adolescentes aumentó considerablemente desde que comenzó la cuarentena obligatoria. “El encierro de la pandemia generó impunidad e irritación en los sujetos violentos que descargaron esa irritación y su poderío sobre quienes eran víctimas potenciales y las transformaron en víctimas”, nos dice la Dra. Eva Giberti, en una entrevista donde indagamos en sus bastos trabajos sobre la violencia contra las mujeres y el abuso contra niñas, niños y adolescentes, así como a la divulgación del psicoanálisis.


Eva Giberti es psicóloga, psicoanalista, asistente social, y profesora universitaria argentina. Creadora y fundadora de la primera Escuela para Padres de Argentina en el año 1957. En el año 2006 creó el Programa "Las Víctimas Contra Las Violencias", Linea 137 (en CABA). Impulsora de otras grandes iniciativas sociales como el Registro Único de Aspirantes a Guarda con fines Adoptivos (RUAGA) y el Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata. Es una referente de la lucha por los derechos de la mujer y de los estudios de género. Su últimas grandes obras son "Incesto paterno-filial", "Abuso sexual contra niñas, niños y adolescentes" y "Mujeres y violencias".

ENTREVISTA (*)

        ¿Qué es y cómo surge Escuela para padres?

        Seguramente surgió porque yo desde muy chica debo haber tenido mucha indignación con el modo en que me educaban, que era un modo a la antigua. Calcule que, si tengo 91 años, la educación era bien a la antigua: severa, autoritaria y patriarcal. Entonces yo desde muy chica debo haber sentido mucha indignación, mucho fastidio por ese modo de ser educada. De manera que Escuela para padres surge originalmente, vivencialmente, de una manera seguramente visceral.

        Después, cuando empiezo a trabajar como trabajadora social eso se transforma en una capacidad profesional para teorizar y empiezo allí a escribir Escuela para padres con la intención de hacer llegar a los padres mis críticas severísimas que yo mantuve, lealmente, desde la adolescencia. Eran críticas sobre la educación que recibían los hijos. Y a partir de allí, ya con una primera profesión, empecé a escribir coloquialmente, es decir, 
el éxito de Escuela para padres se debió básicamente a que yo no escribía artículos ni textos académicos (o intentando serlo), sino que la característica periodística fue que eran coloquiales, como si yo estuviera hablando con los padres y diciéndoles cosas horribles, que lo que estaban haciendo con esa manera con la que ejercían la autoridad en realidad era creadora de neurosis. Y a partir de allí sostenía esas ideas argumentando a partir del psicoanálisis, que naturalmente yo practicaba también como paciente en ese momento.

        Entonces, Escuela para padres surge visceralmente desde una niña que recuerda muy bien la turbulencia de los primeros años de la educación hasta lo que después se transforma en una construcción teórica y finalmente en un verdadero movimiento en la Argentina, porque se crean una cantidad de “escuelas para padres”, que no todas representaban lo que yo quería: había directoras de escuelas que hacían escuelas para padres con mentalidad de directoras autoritarias… pero bueno, la creación de una, cuando sale a la luz, el mundo se apodera de ella y la transforma según el propio criterio. De manera que así nació Escuela para padres, que se transformó en un verdadero movimiento y el libro, en sus tres tomos, se vendió en 30 ediciones, fue un best seller, un verdadero fenómeno nacional. 


        La escuché decir en otra entrevista que en su momento obtuvo mucha reticencia de los psicoanalistas de la época… 

        Sí, no solo reticencia sino un rechazo fenomenal, porque ellos decían que yo había transformado el psicoanálisis en una lectura popular, lo cual es absolutamente cierto. Yo introduje la divulgación del psicoanálisis, de lo cual me enorgullezco, porque ahora usted escucha a cualquier persona hablar del complejo de Edipo con total tranquilidad, pero en aquella época el complejo de Edipo formaba parte de las cosas misteriosas de las que no se hablaba. En cambio, yo explicaba qué era el complejo de Edipo y por qué el varoncito estaba tan apegado a su mamá, y qué le pasaba a la nena con su papá. Ante esto, los psicoanalistas más ortodoxos que formaban la primera asociación psicoanalítica, se ponían furiosos: ¡¿Cómo la explicación de la teoría, que era parte del misterio de la asociación psicoanalítica, yo lo iba a poner en manos del vulgo?! Eso se llama técnicamente divulgación, que no es lo mismo que vulgarización. 

        Doctora, cuéntenos un poco sobre sus primeros acercamientos al feminismo y cómo influyó en su carrera y en su vida

        El feminismo fue otro fenómeno con las mismas características de Escuela para padres. Yo era una niña que desde muy temprano me di cuenta que había una gran diferencia y una gran preferencia social hacia los varones. Las niñas teníamos muchos menos derechos que los varones, y entonces me puse seguramente muy rabiosa y muy enojada, y debo haber pataleado muchas veces viendo las ventajas de los varones frente a las niñas.

        Creo que a las primeras feministas les debe haber pasado lo mismo, no a las segundas y terceras camadas, que ya entran al feminismo con teorías feministas, pero las primeras mujeres feministas habremos entrado todas por las injusticias que veíamos, domésticas y sociales. De manera que así ingresé yo al feminismo. Me adherí a la lucha de Alicia Moreau de Justo, la seguí mucho a ella, la acompañé, aprendí mucho de ella. Gocé de su amistad y así me introduje a la teoría feminista que tienen sus idas y venidas y que están en permanente revisión. Porque hay feminismo revolucionario, feminismo conservador, feminismo socialista, hay distintas corrientes del feminismo. Lo que importa es la línea del feminismo. 


        ¿Qué nos puede contar con respecto a la violencia contra las mujeres en la actual situación de aislamiento?

        Le doy datos. Coordino el programa Las víctimas contra las violencias, y tenemos estadísticas muy estrictas, muy cuidadosas. Teníamos determinadas estadísticas desde el primero de marzo hasta el 18 de marzo, aproximadamente cuando comienza la cuarentena obligatoria. Y a partir del 18/19 de marzo, esas estadísticas triplicaron a las víctimas. De manera que nuestra percepción dejó de ser una percepción para ser una constante estadística, es decir, se triplicó el llamado de las víctimas.
El hecho de tener a la víctima a su disposición determinó que el golpeador se volviera más loco. Más loco es decir más violento, sintiéndose más impune. Entonces, la mujer en situación de pandemia arriesgó su vida en feminicidios mucho más que antes. Además, lo mismo sucedió con los chicos y chicas, ya que aumentaron los casos de violencia sexual contra los/as chicos/as de modo notable. 



        El encierro de la pandemia generó, primero impunidad, y en segundo lugar irritación, en los sujetos violentos que descargaron esa irritación y su poderío sobre quienes eran víctimas potenciales y las transformaron en víctimas. 

        “Abuso sexual contra niñas, niños y adolescentes: Un daño horroroso que persiste al interior de las familias” es una de sus grandes obras. ¿Cómo les explicaría, a quienes no están en la materia, esta última parte del título? 

        El porcentaje mayor de violaciones y violencias contra los niños y niñas está protagonizado por el padre. El mayor violador de los niños es el padre, es decir, más al interior de la familia, imposible.

        El sujeto, que en el porcentaje del setenta y pico, ochenta por ciento de violaciones, manipulaciones de abuso sexual sobre niñas y niños está a cargo del padre, del señor de la casa, del rey varón. Es decir, no del hombre sino del varón, salvemos las distancias. Sujetos que enfrentan a hembras.

        Entonces, al interior de la familia lo encontramos, y digo "encontramos" porque no es por haberlo leído en los libros, sino que esto está escrito a partir de nuestras vivencias, por lo menos en lo que a mí respecta, en la vida de hospital. Tengo media vida trasportada o trasladada a la experiencia de hospital, más los 14 años en el programa. Es decir, toda mi carrera profesional, que es muy larga, ha estado permanentemente al lado de víctimas de violencia familiar. Y dentro de violencia familiar, los/as chicos/as. 


        Está muy impregnada la cuestión de género en relación a que hay más casos de abuso de niñas.

        Sí, son más las nenas, pero sobre todo sigue el abuso contra las niñas cuando éstas tienen 14, 15, 16 años. Con los varones se detienen porque ya el varón se da vuelta y le pega una trompada al abusador. En cambio, la chica sostiene el abuso, aguanta, es decir, en las estadísticas se ve claramente, el chico abusado hasta los 10 años la sobrelleva, 11 a lo sumo, pero una nena sigue hasta los 18 tolerando el abuso. 


        Y las justificaciones persistentes de los abusadores de índole “pero al niño/a le gustaba, no decía nada…”

        Claro, siempre dice “Le gustaba, no decía nada”. Lo que pasa es que, trabajando en neurofisiología, sabemos que no mienten porque el abusador es lo suficientemente hábil como para producir los reflejos necesarios para producir el goce en el niño o en la niña. Es decir, en la niña manipulando el clítoris. Es más que necesario que manipule el clítoris de forma tal que resuelve la situación con un reflejo clitorídeo que para la niña, si no está acostumbrada a la masturbación, es sorprendente, y si está acostumbrada, reconoce el goce porque el abusador es un sujeto muy hábil y sabe qué zonas manipular.

        De modo que cuando dice “a la nena le gustaba” por supuesto que sí, porque desata el reflejo clitorídeo. En el varón exactamente lo mismo, solo que no es clitorídeo sino que es una pregenitalización, pero que también tiene que ver con las reacciones de los varones. De manera que el abusador es lo suficientemente canalla como para sentarse sobre una verdad fisiológica. Es real que existe el goce en el niño por el reflejo, pero no es un goce consentido. 



En 2016 recibió el Premio Konex de Platino en la disciplina Estudios de Género en la Argentina.

        ¿Y con respecto a la “revinculación” del niñx con su abusador?

        He tenido que presenciar varios intentos de revinculación, y es una tragedia. Porque el chico grita “no quiero, no quiero” y el juez insiste diciendo que el chico está manipulado por la madre y que por eso dice que no quiere. Que en realidad el niño debe obedecer la ley paterna, que debe querer a su padre y librarse de la manipulación de su madre que lo incitó a decir que no quiere vincularse con aquel. Entonces, la situación es mucho peor, porque el chico en realidad es un pobre títere de la madre y se niega a vincularse con el padre por cumplir órdenes de la madre. 
Lo transforma en un títere cuando en realidad el chico dice a los gritos “No quiero, no quiero verlo, sáquenlo de acá”. Esto lo he visto yo, no me lo cuenta nadie. Lo he visto en intentos de vinculación feroces y los jueces insistiendo. 

        Abogando a la “unión” de la familia…

        Totalmente, a la unión sobre todo. El padre seguramente haya sido denunciado por la madre. Entonces ahí lo en queja a su señoría y su señoría acepta la queja, pero dice “no, el chico tiene que estar en contacto con el padre, por qué no va a ir a dormir a la casa del padre”, y el chico replica “no quiero, porque papá a la noche…” y entonces cuenta todo, y el juez, ante esto, alega que son inventos del niño, que es la madre la que en realidad lo convence de que diga esas cosas, como si el chico fuera estúpido y se limitase a decir lo que la madre le dice, lo cual no es cierto. 


        Hay muchos factores que pueden propiciar el silenciamiento de los casos, pero ¿cuáles serían los más nodales desde su punto de vista?

        El silenciamiento, por parte de la madre, a veces la vergüenza, a veces no quiere quedarse sin el marido, entonces se transforma en cómplice de éste. Ese es un factor importante, la madre que se convierte en cómplice porque sabe que, si denuncia al marido, tiene que vivir con un abusador a la vista. 
Ese es uno de los motivos del silenciamiento, es decir, la complicidad de la madre. Porque denunciar al padre y demostrar que el padre es un abusador, después… ¿cómo se sigue?

Después otro motivo de silenciamiento es que toda la familia sabe que el abuelo tiene sus mañas con una de sus nietas y toda la familia lo sabe y lo tolera porque “pobre el abuelo, está viejito”, y así, toda la familia lo calla.
Es el ocultamiento por vergüenza, por tolerancia y “porque los adultos tienen razón”. Total… “¿qué le va a hacer la nena? Está demostrado que a tantas nenas le pasó y no se han muerto”. Ese es otro motivo del ocultamiento particularmente con las nenas y los abuelos. Siempre el ocultamiento tiene que ver con la alianza entre los adultos. 

        Y nunca les creen a lxs chicxs…

        Esto es histórico, que no les crean a los chicos. Dicen que los chicos inventan, que los chicos son asombrosos para inventar cosas. Ahora bien, en un contexto psicoterapéutico, cuando los/as chicos/as se ponen a dibujar en horas de juego mientras te cuentan una historia, todas esas producciones son aguas claras y transparentes. 
No hay manera de dudar y decir que mienten, porque cuentan cosas que a ningún chico se le ocurriría si no hubiera pasado por la situación. Los chicos son agua transparente cuando cuentan un abuso.


(*) Entrevista realizada por Pablo Faienza
en colaboración con Graciana Borgarello