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Mujeres que deciden no ser madres

El siguiente artículo es el resultado de un Trabajo de Integración final titulado: “Mujeres que deciden no ser madres, lecturas psicoanalíticas”. A lo largo del mismo se examinó que en la actualidad, los modos de intervención y abordaje de lxs psicólogxs respecto del surgimiento de subjetividades femeninas que deciden no ser madres pueden resultar estigmatizantes. Por este motivo es que –asumiendo una posición ético-profesional- llevaremos a cabo un escrito que se sostenga en el reconocimiento de las subjetividades femeninas desancladas de la maternidad con vistas a un alojamiento de su posición subjetiva. Para ello emprenderemos un breve recorrido por el escenario sociopolítico que permite la emergencia de cuestionamientos respecto de la maternidad, revisaremos las significaciones sociales-hegemónicas que proponen, reproducen y perpetúan la maternidad como destino privilegiado para la feminidad y nos propondremos sistematizar el modo en que estas impactan en los procesos de constitución psíquica.


Por Milagros Müller.

En primera medida, se nos impone la necesidad de explicitar las características principales de las mujeres con las cuales estaremos trabajando, sin por ello caer en definiciones biologicistas, esencialistas o androcéntricas.

Nos abocaremos exclusivamente al abordaje de mujeres cis-género cuyo proceso de subjetivación tendrá lugar en un escenario sociopolítico patriarcal, capitalista y heteronormativo –que describiremos a continuación-. En este sentido, nos referimos a mujeres cis como aquellas cuya vivencia interna e individual del género coincide con el sexo asignado al momento del nacimiento, de acuerdo a lo establecido por la Ley Nacional N°26.743 de Identidad de género en 2012. Siendo este un recorte puramente metodológico, que no pretende desconocer la legitimidad ni invisibilizar la existencia de subjetividades trans con capacidad gestante –aun cuando no se perciban como mujeres- como es el caso de los varones trans. A su vez, con la nominación “mujeres que deciden no ser madres” aludiremos a todas aquellas que no eligen la maternidad como un destino, teniendo presente la heterogeneidad de experiencias subjetivas y la variedad de motivos que cada una de ellas puede tener.

El interés por el abordaje de esta temática surge de ciertos interrogantes personales y académicos que se me han ido despertando a lo largo de la carrera de Psicología. También se encuentra apuntalado en los debates socio-políticos y las producciones teóricas en torno a las subjetividades femeninas, sus deseos, sus cuerpos y –principalmente- en torno a la libertad de las mujeres para decidir y exigir la emergencia de la pastilla anticonceptiva, la libertad reproductiva y la despenalización del aborto; todas cuestiones que han ganado un lugar en la agenda político-institucional actual.

En este punto, nos resulta menester establecer la importancia que tuvo para las mujeres el surgimiento de métodos anticonceptivos; en tanto que posibilitaron la ruptura de un paradigma centrado en la maternidad obligatoria como destino inexorable, abriendo los caminos para una maternidad elegida. Es decir, que este nuevo método permitió la emergencia de una mutación en la significación anudada a la maternidad: de un mandato a una decisión. A partir de este hecho, se les presentaba a las mujeres la ocasión de ampliar los horizontes de su libertad reproductiva teniendo la ocasión de escoger en primera persona entre el placer y la fecundación, por fuera del arbitrio biológico.

Esta posibilidad se vio precedida por la lucha del movimiento de mujeres concerniente a la conquista de derechos que –hasta el momento- pertenecían únicamente al universo masculino: como el derecho al voto, el acceso a la educación universitaria y al mundo laboral, entre otros. Esta conquista paulatina fue abriendo el panorama para la instalación de la pregunta respecto de la maternidad, posibilitando una transformación y apertura que les permitió a las mujeres la proyección de nuevos nortes.

En este contexto de ampliación de derechos, se inscribe la discusión sobre la despenalización del aborto en donde –como establece Pecheny- tuvieron un papel fundamental las luchas feministas para el logro, no solo de la visibilidad creciente del aborto como tema importante a los ojos de la sociedad en su conjunto, sino también para su problematización como cuestión de salud pública y derechos humanos, así como su estrecha relación con otros temas de la agenda de derechos reproductivos; de allí que se considera un tema tan oportuno de trabajar en el ámbito de la carrera de psicología, fundamentalmente por la responsabilidad y compromiso ético que supone en el desempeño profesional a realizar.

Todas estas luchas feministas erigidas a lo largo de la historia han ido inscribiendo y conformando una serie de desobediencias respecto del sistema patriarcal y del orden sexual moderno. Si entendemos que el Patriarcado es un sistema u orden de poder jerárquico, un ejercicio de poder de dominio, por el cual se establecen relaciones de fuerza que producen subalternidad no solo en las mujeres respecto de los varones, sino también en las sexualidades por fuera de la heteronorma, nos interesa ver cómo este se entrama –a partir de la Modernidad- con el orden sexual moderno a los fines de visualizar la opresión existente sobre los deseos, los cuerpos y los derechos de las mujeres.

Como ya han introducido las tesis foucaultianas, con advenimiento de la Modernidad la sexualidad pasa a ser un vector decisivo en la producción social del sujeto. El orden sexual moderno se va a regir por el establecimiento de categorías mediante las cuales se pretenden cercar los posicionamientos identitarios y los modos de ejercicio de la sexualidad. Pasan a ocupar un lugar trascendental categorías como sexo, género y orientación sexual. Por este motivo es que la normativa establece como fundamental la presencia de una soldadura inseparable entre sexo biológico y género, atribuyéndole a cada uno de ellos características y roles esenciales: se es hombre o mujer y la orientación deseante debe ser la heterosexualidad. De ese modo, se arrojan al vertedero de lo marginal todas aquellas subjetividades y orientaciones de deseo que no se encuentren inmersas en estas categorías.

Este escenario trae aparejado el establecimiento de la división sexual del trabajo y de la vida social donde a los varones le fueron encargadas tareas referidas a la provisión económica y plena libertad para la circulación por la esfera social y pública; mientras que a las mujeres les fue asignado el cuidado del hogar, la atención a lxs hijxs y el esposo, quedando relegadas al mundo de lo privado donde la maternidad les fue impuesta como destino privilegiado, siempre y cuando cumplan la normativa rectora: ser mujeres cis-heterosexuales. Sobre ellas recae este imperativo como exigencia constante, ya que –por ejemplo- en el caso de las mujeres lesbianas -por no cumplir con la normativa deseante- se las arroja a la marginalidad y sobre ellas aparece, más bien, el mandato opuesto: no reproducirse. En este sentido conviene preguntarnos ¿Qué implica la existencia de justicia reproductiva? ¿Sólo el acceso a la posibilidad de decidir sobre tener o no hijxs? Sostenemos que para que exista una verdadera justicia reproductiva, todxs –independientemente de su identidad y orientación deseante- deben tener la posibilidad de decidir tener o no hijxs así como también poder elegir cómo, cuándo y con quien(es) tenerlxs.

El contexto descripto hasta ahora tuvo un fuerte impacto en las teorizaciones epistémicas de la época, tanto en las formulaciones de un sector de la Psicología como también en algunas conceptualizaciones psicoanalíticas que llevaron a cabo un reforzamiento del binomio mujer=madre.

Para echar por tierra rápidamente la ilusión de naturalidad que le han otorgado a la ecuación mujer=madre basta con analizar que el hecho de que las mujeres tengan aparato reproductor y capacidad gestante, no basta para que deseen ser madres. Si existiera algo dado biológicamente o una especie de “instinto materno” este aparecería en todas sin excepción, en tanto patrón heredado e inmodificable. No obstante, el hecho de que algunas mujeres expliciten que no desean ser madres produce una ruptura de esta concepción.

Por el contrario, el binomio mujer=madre es una construcción socio-histórica que ha sido reforzada por las condiciones del escenario sociopolítico descripto anteriormente y por ciertas teorizaciones inmersas en él. Entre ellas, se encuentran los desarrollos freudianos acerca de la subjetividad femenina que han quedado capturados por los imaginarios sociales de la época, los cuales suponían la reproducción de una lógica patriarcal que sólo otorgaba legitimidad a las mujeres a partir del ejercicio de su función social principal: la maternidad. Cabe aclarar que emprendemos esta revisión con las herramientas que nos han brindado las paulatinas modificaciones en las condiciones de producción de subjetividad que nos permiten abrir los caminos y cuestionar –haciéndole honor a la audacia freudiana- enunciados anquilosados que cercenan la posibilidad de reconocer y alojar el desarrollo de nuevas subjetividades femeninas desancladas de la maternidad.

La afirmación freudiana central que nos interesa trabajar es aquella que remite a los avatares del sepultamiento del Complejo de Edipo en la niña donde Freud postula el deseo de maternidad como constitutivo de la feminidad y como la única forma de resarcimiento de la castración. Según la autora García Colomé, queda establecido “como si devenir mujer trajera consigo ser madre”. Este planteo va de la mano con lo planteado por el autor en “Sobre la sexualidad femenina” (1931) donde propone como normal y esperable la asunción de la feminidad mediante un cambio de objeto -de la madre al padre- y un cambio de zona erógena: del clítoris a la vagina.

Por supuesto que el planteamiento de este pasaje como necesario, condiciona el disfrute de la sexualidad femenina pretendiendo cercar el erotismo de las mujeres y encausar el deseo hacia la única meta posible: la reproducción. En este sentido es que Freud plantea “anatomía es destino” (1924); enunciado que generó gran controversia y fue criticado fervientemente por las feministas contemporáneas a sus desarrollos. En esta afirmación nos es posible discernir un claro tinte biologicista en donde no hay reconocimiento de las formas fantasmáticas e imaginarias de representación de la anatomía en la singularidad, sino un intento de subsumir lo psíquico a lo anatómico.

A raíz de la emergencia de los estudios de género es que podemos realizar una revisión de estos enunciados. Para esto resulta menester comprender la diferenciación entre sexo y género trabajada por Stoller y Gomáriz, entendiendo que el primero refiere al hecho puramente biológico de que la especie humana se reproduzca a través de la diferenciación sexual – aunque hoy en día no es considerado como algo puramente biológico debido a que el agente que otorga y significa tanto el sexo como los cuerpos, se encuentra atravesadx por el orden cultural- mientras que el género remite a los significados, consecuencias e implicancias que supone pertenecer a cada uno de los sexos biológicos. Esto junto con los aportes de la perspectiva interseccional, nos permiten considerar los múltiples y complejos atravesamientos (de raza, de sexo, de género, de clase, etc) que inciden en la construcción de cada subjetividad. Por este motivo, es que decimos que anatomía no es destino sino que este último depende de la valoración social, consecuencias e implicancias que se desprendan de ella.

Estas paulatinas modificaciones producidas por la irrupción de las luchas feministas y los estudios de género en el escenario sociopolítico generaron un resquebrajamiento del ideal maternal como constitutivo de la subjetividad femenina, lo cual nos mueve a pensar: ¿Se evidencian modificaciones en el psiquismo femenino, en cuanto a la introducción de nuevos deseos o contenidos en el Ideal del Yo? ¿De qué manera se produce la constitución psíquica de las subjetividades femeninas en relación a los cambios producidos en los enunciados que sobre ella recaen?

Para llevar a cabo una revisión sobre la constitución psíquica de las mujeres que deciden no ser madres, nos valdremos de la perspectiva exógena de constitución del aparato planteada por Laplanche y Bleichmar. En ella, lxs autorxs plantean 3 tiempos de constitución psíquica: implantación de la sexualidad, formación del Yo mediante el narcisismo primario y construcción del Súper Yo. Por cuestiones de extensión, simplemente nos abocaremos al segundo y tercer tiempo del desarrollo de la niña.

En la fase pre-edípica se lleva a cabo la formación del Yo mediante el proceso de la identificación primaria propuesto por la madre –por ser ella el agente cultural a quien le fueron asignadas las funciones de crianza-. El género es uno de los contenidos de estas identificaciones primarias. Por este motivo, la niña va a quedar completamente transformada en ese modelo que ha incorporado, con la particularidad de que ese ideal pertenece a su mismo género. De esta manera, la representación narcisística de la niña va a tener un carácter omnipotente y perfecto –lo que conocemos como Yo ideal femenino primario- debido a la pregnancia del modelo de la madre como ideal narcisista y semejante del género.

En esta etapa se puede evidenciar que la niña juega mucho a la mamá y a darle de comer a sus muñecas, cuestión que Freud planteaba como un pasaje de la pasividad a la actividad (de ser hija a cuidar y alimentar a sus muñecas) que la niña realizaba a los fines de apropiarse de esa situación e incorporarla. Ahora, cabe preguntarnos ¿las fantasías que se simbolizan en el juego radican en un deseo de penetrar a la madre y hacerle un hijo o en la expresión de una temprana feminidad, siendo la maternidad la más activa de las condiciones esperadas para su adquisición? Este cuestionamiento nos permite desamarrar el binomio establecido entre actividad y masculinidad, lo cual implica que esta escenificación que pone en juego la niña -donde se posiciona de manera activa- lejos de masculinizarla, la feminiza. “Por lo tanto, podemos sostener que en la fase preedípica existe en las niñas un ejercicio activo de la feminidad, a través de la ficción, de la fantasía, de uno de los aspectos del rol de género femenino: la maternidad” (Dio Bleichmar, 1984, p. 97).

En la entrada al Complejo de Edipo dentro de lo que Freud va a denominar la fase fálica, el autor plantea la existencia de una teoría de la universalidad del pene, entendiendo a este como el atributo fálico que garantiza -en esta etapa- la máxima completud narcisista. Esta premisa se entrama con la teoría de la madre fálica, por la cual la niña cree que su modelo omnipotente e ideal también se encuentra en posesión de este atributo. Frente al hecho traumático de la percepción de la diferencia anatómica de los sexos donde se descubre el pene real del padre –símbolo sobre el cual recae el poder y la omnipotencia-, se produce la caída de su representación narcisista –hasta ese momento cubierta de perfecciones- y de la madre en tanto ideal del género, poniendo en duda su papel narcisizante. De ahora en más -siendo el padre quien cuenta con el atributo valorizado culturalmente y que lo coloca en posición de poder- la niña esperará de él la valorización para aumentar su estima narcisista. Por lo tanto, lo fundamental no recae sobre la posesión del órgano biológico en sí mismo, sino sobre la importancia cultural de la que está revestido, lo cual erige a los hombres como jerárquicamente superiores a las mujeres y le devuelve a la niña una imagen devaluada de su género que será confirmada a través de las desigualdades vivenciadas posteriormente.

Por lo tanto, la herida narcisista que supone la castración en la niña remite a la pérdida de ese Yo Ideal femenino primario y a la asunción de la devaluación de su género. En relación a esto, es que podemos pensar en un viraje de la pregunta freudiana de ¿Qué desean las mujeres? para plantearla en otros términos: ¿Cómo desear arribar a la feminidad tradicional establecida como ideal –que supone la maternidad como coordenada fundamental- si culturalmente se encuentra emplazada como segundo sexo o condición inferior? Cuando podamos responder a este interrogante y modificar las condiciones sociales que perpetúan esta jerarquía, tal vez nos podamos abocar a la pregunta freudiana.

En virtud de la caída de su representación narcisista ominipotente a causa de la asunción de la castración, la feminidad quedará cuestionada en la niña y esta deberá llevar a cabo la difícil tarea de rearmar su sistema narcisista de acuerdo a ideales del género que le permitan forjar una feminidad valorizada y armonizar su rol de género con su deseo sexual.

Hacia la finalización del Complejo de Edipo, la niña tendrá el desafió de integrar esta imagen devaluada de su género, mientras que también deberá incorporar leyes que reglamentarán el ejercicio de su sexualidad.

En este sentido, se nos hace menester retomar los desarrollos freudianos relativos a la formación del Súper Yo, recordando que una de sus funciones remite al Ideal del Yo que se erige como una representación idealizada de lo que el Yo va a buscar alcanzar. En la niña se producirá una renuncia al Yo ideal femenino preedípico y se construirá una representación que integre estos contenidos y funcione como norte de su accionar: el Ideal femenino secundario.

En relación a esto se nos imponen algunas preguntas: ¿Habrá forma de restituir el narcisismo por otro camino que no sea la maternidad? En la actualidad, ¿han cambiado los ideales erigidos a los que las mujeres aspiran? Si esto es así, ¿estamos en presencia de un cambio y ampliación de los modos de resarcimiento narcisístico? ¿Qué sucede en aquellas mujeres que deciden no ser madres? ¿Qué contenidos se erigen en su Ideal del Yo del género?

El efecto psíquico que produce en algunas mujeres el descubrimiento de la castración y de su rol en la cultura las lleva –muchas veces- a rehusarse del rol maternal y a lanzarse en una carrera/competencia con los hombres –en tanto género legitimado en el mundo público- para el arribo a determinadas profesiones o para la conquista de habilidades y posesiones que se establecen como masculinas. Lo cual denota que la maternidad no es la única forma de resarcirse narcisisticamente, pero si es la única legitimada y reconocida culturalmente para las mujeres, lo que trae aparejado una lectura estigmatizante sobre las demás decisiones y caminos que ellas elijan transitar.

Por este motivo es que si aspiramos a desprendernos del lastre a los fines de sostener los paradigmas, el cuestionamiento de los desarrollos freudianos se nos impone como un ejercicio ético. Esto implica –en primer lugar- reconocer que estas teorizaciones en su tiempo permitieron visualizar los efectos psíquicos que el sistema patriarcal producía sobre los psiquismos de las mujeres, pero que nos resultan anquilosadas para dar respuesta a la emergencia de las subjetividades femeninas actuales. Entendiendo que “la clínica no es el lugar donde se produce la teoría; es el espacio desde el cual se plantean los interrogantes que ponen en tela de juicio las teorías cuyas convicciones sostenemos” (Bleichmar, 2000, p. 19).

Entonces, si el Psicoanálisis que pretendemos aplicar apunta al alojamiento del padecimiento psíquico producido por un conflicto intersistémico, tenemos que tener pleno conocimiento de las modificaciones producidas en las variables que entran en conflicto. Si reproducimos de manera dogmática ciertas lecturas, corremos el riesgo de no advertir los cambios producidos en el contexto actual y su impacto en los procesos de constitución psíquica; cuestión que resulta fundamental y se nos impone como exigencia de trabajo constante a los fines de generar condiciones de salud y alojar el advenimiento de subjetividades femeninas más libres y sanas.



Bibliografía


Ley Nº 26.743 de Identidad de Género. Boletín Oficial 24 de Mayo de 2012. Congreso de la Nación Argentina.

Pecheny, M. (2005). Yo no soy progre, soy peronista: ¿Por qué es tan difícil discutir políticamente sobre aborto? VI Jornadas de Debate Interdisciplinario en Salud

Foucault, M. (2014). Historia de la sexualidad. Buenos Aires, Argentina: Siglo Veintiuno Editores.

Bleichmar, S. (1986). En los orígenes del sujeto psíquico. Del mito a la historia. Buenos Aires, Argentina: Paidós.

Bleichmar, S. (1993). La fundación de lo Inconsciente. Buenos Aires, Argentina: Paidós.

Freud, S. (1931) Sobre la sexualidad femenina. Tomo XXI. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1924). El sepultamiento del complejo de Edipo. Tomo XIX. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1925). Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos. Tomo XIX. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.

Dio Bleichmar, E. (1984). El feminismo espontaneo de la histeria. Madrid, España: Adotraf.