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Black Museum: Mefistófeles y las grandes industrias

El avance tecnológico se produce a pasos agigantados y esto tiene sus consecuencias en la dinámica de las relaciones humanas. La cuestión es… ¿cómo afecta esto a las subjetividades?


Por Pablo Faienza (*)

Entre los productos predilectos de la época debemos mencionar la popularización que han alcanzado las plataformas de streaming como Netflix. Entre las filas de su catálogo encontramos una serie de antología cuya trama posee una fuerte crítica sobre los peligros que acarrean las tecnologías para los sujetos: estamos hablando por supuesto de Black Mirror. Su nombre (en español, “espejos negros”) hace referencia a las pantallas que abundan en la actualidad: celulares, computadoras, notebooks, televisores, etc.

Realizaremos un pequeño análisis del capítulo 6 de la temporada 4, llamado “Black Museum”. Demás está decir que es recomendable no seguir leyendo si no se ha visto este capítulo.


La historia se desarrolla en el llamado Museo negro del ex científico de investigación neurológica Rolo Haynes, quien le ofrece una recorrida a una turista, prometiéndole que detrás de cada artefacto que reside en su museo hay “un relato triste y enfermizo”.

Mientras espera que su auto cargue, Nish se encuentra con el Museo Negro, que alberga «auténticos artefactos criminológicos». Se encuentra con el propietario, Rolo Haynes, quien le ofrece un recorrido en el que narra las historias de los artefactos que ha coleccionado, que se muestran en retrospectiva durante el episodio. 

La trama del capítulo se desarrolla en base a tres relatos, y su desenlace final en relación al último de éstos. Me pareció oportuno tomar los tres, y no uno, porque considero que es importante y no azarosa la elección de las temáticas que se abordan. Como punto en común en todos los relatos resuena una palabra que escuchamos bastante a menudo en nuestro campo, que es el de transferencia. Por supuesto que no desde la concepción clásica psicoanalítica, sino en términos descriptivos referidos a la trasferencia de distintos objetos… y esto es lo que llama la atención. Porque los objetos de cada relato que se buscan transferir podrían significar una gran metáfora que el capítulo viene a enseñarnos. Pero ya voy a ir a eso más al final. Vamos con los casos:


1. Dr. Peter Dawson – TRANSFERENCIA DE SENSACIONES FÍSICAS


En un principio, lo que se buscaba era crear un dispositivo que transfiera conocimientos, pero en cambio el prototipo de este proyecto resultó ser inútil para esta tarea, pero curiosamente útil para la transferencia de sensaciones físicas. Podemos considerar a este relato como lo referente a lo corporal. Se le ofreció a un médico de hospital adherirle un implante neurológico que le permitiría sentir lo que sienten los pacientes para elevar su efectividad a la hora de los diagnósticos en casos de urgencia, a lo que el Dr Peter Dawson acepta. Entonces cuando llegaba un paciente cuya descripción de su dolor era ambigua o no podía ponerle las palabras adecuadas, se le ponía el transmisor de sensaciones físicas para que el receptor (incrustado en el Dr. Dawson) recibiera exactamente lo que el paciente sentía para, desde su saber médico, pudiera hacer un indiscutible diagnóstico de la persona. Uno pensaría: ¡Qué fácil si existiera un dispositivo que permitiera tener casi efectividad perfecta a la hora del diagnóstico diferencial! Ni les digo si la transferencia en términos inconscientes se interpelaría así de fácil. Pero no, es imposible. Tanto esto, como el caso del que se muestra en el capítulo. ¿Por qué? Porque aquí se nos presenta la posibilidad de la identificación del dolor físico solo tomando las sensaciones provenientes desde el cuerpo. Ahora bien, ¿cómo podría el doctor recibir exactamente lo que siente el paciente sin necesariamente tomar el aspecto psíquico? Bien sabemos del interjuego que hay entre lo corporal y lo psíquico a la hora de la emergencia de lo que aqueja al sujeto (sin hablar necesariamente de lo psicosomático ni la somatización). 

Hay un texto de María Fernanda Montaña (Lic. en Psicología/Psicooncóloga) llamado “Qué duele cuando duele” donde plasma cómo el discurso médico hace una lectura del dolor tomando solo el aspecto corporal, pero omite la implicancia de lo psíquico en ese dolor. Es decir, toma el órgano afectado, pero no la experiencia del sujeto frente a ese órgano afectado, frente a esa queja, a ese dolor. Y este “recorte” de abordaje de la medicina es similar en la premisa de este relato.

Este caso termina trágicamente, con el Dr. Peter Dawson en estado vegetativo después de una adicción que generó por la sensación de dolor y sufrimiento.

2. Jack y Carrie – TRANSFERENCIA DE CONSCIENCIA


Carrie cae en estado de coma y su pareja, Jack, decide aceptar de nuestro investigador la propuesta de transferir la consciencia de Carrie a su cerebro. Aquí podemos decir que hay un “progreso” en relación al caso anterior, ya que no solo se transfiere la consciencia, sino que esta consciencia en el cerebro del portador puede sentir las sensaciones físicas también. “Sentirás lo que tu sientes” le dice Rolo Hynes a Jack. Los abrazos, los gustos en la comida, e incluso Carrie llega a sentir las erecciones de Jack. Inicialmente disfruta compartiendo las sensaciones que Jack siente en el mundo real, especialmente los abrazos con su hijo Parker. Pero a medida que avanza el tiempo, la conciencia compartida comienza a afectar a la pareja, ya que Jack no tiene ningún tipo de privacidad, ni la consciencia de Carrie en la cabeza de su marido tiene dominio sobre ese cuerpo. Retomando el gráfico de Freud del capítulo 7 de “La interpretación de los sueños”, podemos decir que no tiene abierto el polo de la motilidad, pero sí el de la percepción.

El Polo P y M representan tópicamente lo consciente (Cc)

A su vez, y ya que traemos este texto de Freud, damos cuenta de que Carrie está siempre presente en la cabeza de Jack, no duerme ni sueña (ni siquiera cuando más adelante se la pone en pausa). Por eso aquí podríamos considerar que se toma solo la dimensión consciente, psicoanalíticamente hablando, en términos tópicos.

El caso, al igual que su predecesor, termina trágicamente, trasfiriendo la consciencia de Carrie a un oso de felpa y siendo abandonada por su marido y su hijo, residiendo actualmente en el museo.


3. Clayton Leigh – TRANSFERENCIA DE ALMA


Llegamos al último caso: nuestro investigador convence al convicto Clayton Leigh, sentenciado a la pena de muerte por el asesinato de una periodista, a que le venda los derechos para conservar su “conciencia” neurológica después de su ejecución, por una suma de dinero bastante importante que beneficiaría directamente a su familia. Su mujer trata de persuadirlo de que no lo haga, ya que era “su alma” {soul} lo que estaba en negocio. Creo que aquí esta narración hace una pequeña alusión a la mitología en relación a la venta del alma, en el cual Rolo Haynes vendría a ser, en este caso, “el diablo”. Esta mitología proviene de la leyenda del “Fausto” y la figura de Mefistófeles, en el cual se pactaba con el diablo la entrega del alma a cambio de favores.

San Agustín y el Diablo, de Michael Pacher.

A pesar de la advertencia de su mujer, Clayton Leigh termina accediendo. Una vez ejecutado, el “alma” es trasladada a un holograma en el museo, donde, como ya saben, se recrea la ejecución una y otra vez como forma de atracción al público. Si bien, en apariencia parecería ser el mismo procedimiento que el caso anterior pero proyectado en un holograma (transferencia de consciencia), hay una diferencia: y es, justamente, en esta noción de alma. Ahora, si hincamos etimológicamente, psiqué (psichye) refiere a un concepto procedente de la cosmovisión de la antigua Grecia que significa “alma humana”. De hecho, en muchas partes Freud mismo se refiere al término de “alma” en varios de sus escritos. Entonces aquí tenemos un adimento más: podemos decir, la dimensión de la psyche.

El "alma" de Clayton se volvió la atracción principal del museo, el cual le ofrecía a sus visitantes la experiencia inigualable de poder recrear una ejecución virtual/real, donde el componente que seducía era la posibilidad de, no solo presenciar el sufrimiento, sino de ser causante del mismo.

Y bueno, en consonancia con las otras dos tramas anteriores, éste también termina de manera trágica, ya que la versión holográfica de Clayton (su alma) se ve severamente dañada por el exceso de cargas que podía soportar, convirtiéndolo en una suerte de “vegetal”.


"Ésta es la pequeña alma, psique con sus alas, si la priváis de ellas, queda convertida en un mísero gusano". 

Mefistófeles

Entonces, recapitulando, podemos decir que el capítulo trata sobre tres historias, tres transferencias sobre distintos aspectos del sujeto: lo corporal; lo consciente; y el alma humana (psiqué). El cuerpo, la razón y el alma, tres aspectos del individuo en interjuego que han sido material enciclopédico de grandes tratados filosóficos, científicos e históricos. ¿Es el alma "la cárcel del cuerpo"? ¿Es la conciencia solo una parte de la psique? ¿Es la razón el fundamento de todas las cosas? Los relatos no son azarosos en los temas que trata, pero hay una conclusión que podemos extraer en base  a ellos: la parte y no el todo.

Así como lo veo, se podría considerar este capítulo como una gran metáfora: Rolo Haynes representando la figura de las grandes industrias (tanto tecnológicas como médicas/farmacéuticas), un perverso que encarna al hombre altamente tecnologizado, que busca abordar al ser humano para “facilitarle” la vida y posibilitarle alternativas por medio de sus productos, pero en cambio lo que termina haciendo es tomar solo aspectos del individuo y no al sujeto en su completud. Entonces nos vemos con la paradoja de que mientras más quiere “ayudar” al hombre, más lo termina fragmentando. Vale aclarar que, por supuesto, no quiere ayudar realmente al sujeto, sino experimentar para lucrar con él.

El mensaje del capítulo en relación a todo esto es claro: ¿cuál es la consecuencia de esta fragmentación del sujeto? La tragedia. Por eso no es coincidencia que todos los relatos hayan terminado de manera “triste y enfermiza”. 


El sujeto fragmentado es algo que vemos en la actualidad: la dimensión virtual que desarraiga todo lo corporal. La persona ES dentro de las redes sociales (Instagram, Facebook, Twitter, Tinder, etc.) a un nivel que casi se podría afirmar que, una persona no inmersa en las redes sociales, es una persona que NO EXISTE. ¿No les resulta extraño que una persona diga que no tiene Facebook, Instagram o WhatsApp? Hemos naturalizado casi de condición humana el hecho de estar en alguna de estas redes que inmediatamente "despersonalizamos" a aquellos que no lo están, como si estuvieran fuera del sistema.
 "Quería ver si me respondías por WhatsApp, para ver si realmente vos eras vos" le comenta un paciente a su psicólogo cuando retoma el contacto después de varios meses. Cuentas creadas que representan la presencia del individuo en el mundo virtual, el avasallamiento de las telecomunicaciones, el incremento de dispositivos como smartphones que incluso superan al número de la población, el incremento de las "series" como actividad rudimentaria, son algunas de las características de la época. Los niños y niñas crecen en un mundo donde la preocupación principal pasa por la cantidad de Likes obtenidos, sello predilecto del narcisismo, identificación y agresividad.

Y claro, muchos otros síntomas de toda esta ola tecnológica se pueden analizar en el capítulo: la idea de vencer la muerte, fantasías sádico- masoquistas, la tortura como forma de goce, etc. Podríamos decir, en otras palabras, el intento siempre presente de querer sobrepasar los “límites” (sea de la vida, de lo corporal, del sufrimiento o del infringir dolor).


Bibliografí

· J. W. Goethe – “Fausto”
· M. F. Montaña - “Que duele cuando duele”
· S. Freud – “La interpretación de los sueños” (Cap. 7)
· https://es.wikipedia.org/wiki/Black_Museum


(*) presentado y comentado en el Taller de Clínica Psicoanalítica 2019