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Henri Matisse: Una mirada a su sensibilidad pictórica

Caracterizado por un revolucionario y libre uso del color, la simplificación de la forma y el rechazo a reproducir una mera imitación de la naturaleza, Henri Matisse se encargaba de representar vivencias y sensaciones a través de la fuerza cromática y los contrastes. En sus obras se puede apreciar la influencia de la escultura africana, de otras culturas primitivas, las artes decorativas musulmanas y además de la sensualidad femenina plasmada en colores contrastados y altamente saturados.


Desnudo azul, 1952.

Por Lautaro Romio

Matisse era considerado el líder de los fauvistas y, además, en 1908 publica Notas de un pintor en donde destaca, entre otras cosas, la importancia de la composición –el arte de disponer de manera decorativa los diversos elementos–: «el dibujo ha de poseer una fuerza de expansión capaz de vivificar las cosas que lo rodean»; el color debe tender a servir a la expresión; «la elección de mis colores…se basa en el sentimiento, en la experiencia de mi sensualidad». Su interés por la figura humana le permite expresar el sentimiento religioso que tiene de la vida. (Ferrer, 2011, pág. 4) 


Desnudo reclinado con ojos azules, 1936.

Inspirado en la poesía de Baudelaire, en los atardeceres, en un mundo donde todos eran jóvenes y felices estando en armonía con la naturaleza y solo preocupados por sonreír, bailar y amar. Representaba la realidad de una forma no tradicional, con un uso extremadamente intenso del color, sin tener en cuenta la perspectiva, sombra y proporción. Prefería buscar la esencia misma de las cosas, esencia que va a encontrar en lo subjetivo, natural y espontaneo.

Buscaba reconstruir la pintura, darle una imagen primitiva inclinándose en la luz del amanecer, haciendo tangible lo sagrado, figurar al hombre libre en la naturaleza.


Odalisca, 1937

Es muy anecdótica la historia por la cual Matisse y su grupo fueron llamados Fauvistas. En todos los libros de historia del arte se encuentra la misma anécdota en la que un famoso crítico de arte de la época, Louis de Vauxcelles, los denomino despectivamente “Fauves” que en francés quiere decir “Fieras”, ya que sus obras parecían pintadas por fieras por su carácter grotesco, bárbaro, monstruoso, animal, primitivo, bárbaro y diabólico.

A comienzos del siglo XX, existían en París dos grande salas de exposición: El salón de los Independientes, que se celebraba en primavera, y el Salón de Otoño. Durante la celebración de este último, en 1905, estalló el escándalo. El crítico Hall sentenció: <<La sala siete era la escogida para la aberración pictórica, la locura de los colores y las fantasías difíciles de explicar. >> Al entrar en la sala, el crítico Louis de Vauxcelles, escandalizado por lo que veía, tildó a los artistas que allí exponían de fauves, o sea, <<fieras>>. Entre las obras de Derain, Vlaminck, Manguin, Camoin, Marquet y Van Dongen, sobresalían por su <<fiereza>> los cuadros de Matisse. A partir de ahí, el nombre de este artista quedó asociado con el Fauvismo, uno de los movimientos plásticos de vanguardia que más ricamente incidió en el arte del siglo XX. (Clarín , 2007, pág. 7)

Este grupo de jóvenes pintores, subversivos en lo que al arte atañe, nacidos todos ellos hacia 1870, expone en uno de los salones anuales parisienses un conjunto de cuadros audaces, violentos de color, de características tan nuevas que hieren los hábitos visuales del público. (Payró, 1955, pág. 7)


El torso de yeso, 1919. 


Pensar en la obra de Henri Matisse es hacerlo en la pintura: color, expresión, armonía, equilibrio, tensión y movimientos resueltos sobre una superficie contenida por sus límites físicos. Pensar en el pintor es hacerlo en su sensibilidad, su sentido positivo de la vida y su profundo conocimiento de la pintura. (Clarín , 2007, pág. 32)


Rosas de Safrano en la ventana, 1925
Ante las primeras producciones de los Fauves: las juzgan según las reglas de la Academia o las del impresionismo y las encuentran llenas de gravísimas infracciones. No saben medirlas con el nuevo rasero. Ignoran que los jóvenes artistas se han rebelado tanto contra la tarda y comodatica Escuela, como contra los maestros del aire Libre. (Payró, 1955, pág. 10)


Los peces rojos, 1911
Ninguna de las obras de Matisse nos cuenta nada, pero nos muestra lo que nuestra mirada, por si sola, no es apta para percibir. (Ferrier, 1962)

Tal como lo escribió él mismo, Matisse deseó un arte equilibrado que no turbe ni inquiete, y frente al cual el hombre moderno guste la calma y el reposo. En su obra global, sin embargo, algo de dinamismo de nuestra sociedad, por añadidura, ha quedado reflejado. (Ferrier, 1962)

Interior con un fonógrafo, 1924.

Bibliografía

Clarín . (2007). Grandes maestros de la pintura. Matisse. . Barcelona: Editorial Sol 90, S. L. .
Ferrer, M. M. (2011). Henri Matisse y Manuel Vicent o la erótica del arte. La Plata: Memoria Académica.
Ferrier, J. L. (1962). Matisse 1911 - 1930 . Barcelona : Editorial Gustavo Gili, S. A. .
Payró, J. E. (1955). ¿Qué es el "Fauvismo"? . Buenos Aires: Editorial Columba .